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Pekín mueve ficha para frenar el desplome bursátil en China

Hace 23 horas

Pekín salió al rescate de sus bolsas tras una caída que borró hasta 25% del valor del Star Market en julio. El movimiento busca frenar una sangría que ya golpea a Shanghái, Shenzhen y al corazón tecnológico de la economía china.

Pekín activó este fin de semana un operativo de contención para intentar ponerle freno al desplome de las bolsas chinas, en medio de una corrección que golpeó con especial dureza al mercado tecnológico y encendió las alarmas sobre la fragilidad del pulso financiero del país. La señal más clara llegó desde el Star Market de Shanghái, el índice que funciona como el equivalente local del Nasdaq, que acumuló una caída cercana al 25% en lo que va de julio y se convirtió en el símbolo de una semana negra para los inversionistas.

Según informó Infobae con base en datos de EFE, las compañías estatales China Reform y China Chengtong anunciaron compras de acciones en los mercados locales por un total de 60.000 millones de yuanes, unos 8.858 millones de dólares. Ambos movimientos fueron presentados como una apuesta de “optimismo firme” sobre el futuro de las bolsas chinas, pero en la práctica revelan algo más urgente: el Estado chino está entrando a sostener precios, a recomponer confianza y a evitar que la venta masiva se transforme en una crisis de mayor alcance. A eso se suma la convocatoria del regulador bursátil chino, la CSRC, que habría citado a numerosas instituciones del mercado a una reunión para discutir medidas de estabilización, según el diario financiero oficial Securities Times.

El fondo del problema es más amplio que una simple mala semana. Desde el arranque de julio hasta el viernes pasado, el índice de Shanghái cayó 8,47%, mientras que Shenzhen —más expuesto a acciones tecnológicas— retrocedió cerca de 15%. El CSI 300, que suele tomarse como termómetro general del mercado continental, perdió alrededor de 8,7%. La debilidad no solo afecta a los grandes fondos o a los operadores locales: cuando la tecnología china se derrumba, también se enfría la expectativa sobre innovación, empleo de alto valor y consumo interno, tres variables clave para una economía que ya venía lidiando con desaceleración, incertidumbre regulatoria y desconfianza de los capitales privados.

El movimiento de Pekín tampoco se explica en un vacío internacional. La presión sobre las bolsas chinas llega en paralelo a ventas globales de acciones ligadas a los chips y a crecientes temores por una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial, además del repunte del conflicto en Oriente Medio, que añade nerviosismo a los mercados. En otras palabras: China no solo enfrenta una corrección doméstica, sino un entorno financiero mundial más frágil, donde cualquier señal de debilidad puede amplificarse. La gran pregunta ahora es si las compras estatales y la intervención regulatoria alcanzarán para estabilizar el mercado o si apenas comprarán tiempo frente a un problema de confianza más profundo, que podría seguir pesando sobre la segunda economía del mundo y sobre los inversionistas globales que miran a Asia como un termómetro del riesgo.

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