Hegseth anticipa un giro en la ofensiva antidrogas de EE.UU. con foco en Venezuela
Pete Hegseth lanzó desde Guantánamo una advertencia que apunta a Venezuela y a la ofensiva antidrogas de Washington. Sin revelar detalles, sugirió que muy pronto habrá movimientos relevantes y que EE.UU. ya opera con socios en la región.
La administración de Donald Trump volvió a subir el tono sobre Venezuela. El secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, aseguró este miércoles que en cuestión de poco tiempo habrá anuncios importantes vinculados con la lucha contra el narcotráfico en territorio venezolano, una señal que, más que aclarar la estrategia, apunta a una nueva fase de presión política, operativa y regional desde Washington. La declaración fue hecha durante una actividad con tropas estadounidenses en la base de Guantánamo, en Cuba, un escenario cargado de simbolismo para cualquier mensaje sobre seguridad hemisférica y guerra contra las drogas.
Según informó EFE, Hegseth sostuvo que los cárteles están buscando rutas alternativas para introducir drogas en Estados Unidos y defendió la creación de una coalición regional contra esas organizaciones. El funcionario aseguró que Washington trabaja con países aliados dentro de sus propios territorios para localizar a grupos criminales y centros de producción, tanto de forma pública como mediante operaciones discretas. En ese marco, mencionó la cooperación con gobiernos como Ecuador, Honduras y Paraguay, y dejó caer que desde Venezuela podrían venir novedades relevantes porque, según su versión, allí existiría ahora un interlocutor dispuesto a colaborar con Estados Unidos. No ofreció pruebas, nombres ni un calendario concreto, pero sí insistió en que el mensaje era inminente.
El contexto importa porque la Casa Blanca ha endurecido el lenguaje contra el narcotráfico en el hemisferio y ha ido más allá de la retórica tradicional de interdicción. La designación de cárteles como grupos terroristas abre la puerta a herramientas jurídicas, militares y de inteligencia más agresivas, aunque también eleva el riesgo de choques diplomáticos con gobiernos latinoamericanos que temen una expansión de la doctrina de seguridad estadounidense en la región. Venezuela, además, se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de esa ecuación: para Washington es a la vez un problema de narcotráfico, migración y crisis política; para Caracas, cada señal de presión externa se presenta como un intento de desestabilización. En ese tablero, la frase de Hegseth no suena a simple comentario, sino a una advertencia calculada.
Lo preocupante es que el anuncio, tal como fue planteado, deja más preguntas que respuestas. Si la administración Trump prepara una acción concreta, podría tratarse de nuevas sanciones, cooperación de inteligencia, operaciones encubiertas o una ofensiva diplomática para aislar aún más al chavismo. Pero si se queda en el terreno del discurso, el efecto no será menor: alimentará la narrativa de confrontación entre Washington y Caracas y reforzará la idea de que Estados Unidos está dispuesto a usar el combate al narco como vehículo para intervenir con mayor profundidad en América Latina. Para la gente común, eso significa más tensión regional, más militarización del discurso y, en el fondo, menos claridad sobre quién controla realmente las rutas de la droga y quién paga el costo de esa guerra.


