Bogotá aplica este 12 de junio el pico y placa y salir sin revisar la placa puede costar caro

Imagen: infobae colombia
Bogotá mantiene este 12 de junio la restricción de pico y placa para vehículos particulares durante buena parte de la jornada. Quien salga sin revisar el turno de su placa puede terminar con multa e inmovilización.
Bogotá amaneció este 12 de junio bajo la misma regla que cada día complica la movilidad de miles de conductores: el pico y placa sigue vigente para vehículos particulares y solo pueden circular quienes estén habilitados por la rotación definida por la Secretaría de Movilidad. Para el resto, salir a la calle sin revisar la placa puede salir caro: comparendo y, en algunos casos, inmovilización del vehículo.
La medida aplica durante la jornada completa de restricción en la ciudad, una franja que obliga a muchos bogotanos a reorganizar su rutina antes de encender el carro. No se trata solo de una molestia administrativa. En una capital donde los trancones ya son parte del paisaje cotidiano, el pico y placa determina la hora de salida, el trayecto al trabajo, los desplazamientos escolares y hasta la logística de quienes dependen del vehículo para prestar servicios o mover mercancía. Para quienes cuentan con la posibilidad de pagar el pico y placa solidario, la alternativa existe, pero no deja de evidenciar que la movilidad en Bogotá también se ha convertido en una cuestión de capacidad de pago.
La discusión de fondo es conocida y sigue abierta: el distrito defiende la medida como una herramienta para reducir la presión sobre una red vial saturada y para desincentivar el uso indiscriminado del carro particular en una ciudad que arrastra décadas de atraso en transporte y planeación urbana. Sus críticos, en cambio, sostienen que el pico y placa castiga sobre todo a la clase media, obliga a más de un hogar a tener segundo vehículo y no resuelve el problema estructural de fondo. Ambas lecturas conviven porque, en la práctica, Bogotá sigue dependiendo de una restricción que alivia parcialmente el tráfico, pero no lo cura.
Por eso este tipo de jornadas importan más allá del simple recordatorio de una norma. Para el ciudadano común significan tiempo perdido, gasto extra y riesgo de sanción; para la ciudad, son un termómetro de su incapacidad para ofrecer una movilidad más fluida y predecible. Y mientras esa discusión no se resuelva, cada 12 de junio —como en cualquier otro día de restricción— el primer filtro para salir a rodar seguirá siendo tan básico como revisar el último número de la placa antes de arrancar.



