Briceño pide sacar a César Pachón de la ADR y reaviva choque por el manejo rural
Imagen: El Tiempo - Política
Daniel Briceño pidió que César Pachón, actual director de la Agencia de Desarrollo Rural, sea declarado insubsistente por su manejo de la entidad. La ofensiva política reabre el debate sobre la estabilidad de los altos cargos del Gobierno Petro y el uso de la burocracia.
La presión contra César Pachón, director de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), escaló este martes después de que el representante a la Cámara Daniel Briceño, del Centro Democrático, pidiera formalmente que sea declarado insubsistente. La solicitud, de alto voltaje político, pone a Pachón en el centro de una nueva pelea entre el uribismo y el Gobierno de Gustavo Petro, esta vez alrededor de una entidad clave para la política rural del país.
Según informó El Tiempo - Política, Briceño justificó su pedido con fuertes reparos al desempeño de Pachón al frente de la ADR y con críticas directas a su conducta como funcionario. El congresista opositor no solo cuestionó su gestión, sino que elevó el tono al señalarlo como un mal ejemplo dentro de la administración pública. En el fondo, la discusión no es únicamente personal: se trata del control político de una agencia con incidencia directa en la ejecución de programas para el campo, la formalización de proyectos productivos y la distribución de recursos en territorios históricamente golpeados por el abandono estatal.
El episodio importa porque la Agencia de Desarrollo Rural no es un cargo decorativo. Desde allí se coordinan iniciativas que, en teoría, deberían traducirse en apoyo concreto para pequeños productores, asociaciones campesinas y comunidades que dependen de la inversión pública para sobrevivir en medio de la desigualdad estructural del campo colombiano. Cuando una figura como Pachón queda bajo asedio político, también queda bajo revisión la capacidad del Gobierno para defender a sus cuadros más visibles y sostener su narrativa de cambio en el sector agrario. La oposición, por su parte, encuentra en este tipo de choques una ventana para golpear la imagen de Petro en un frente especialmente sensible: el de la promesa incumplida hacia las regiones rurales.
Más allá del tono de la confrontación, el caso deja al descubierto una constante del Gobierno Petro: la fragilidad política de varios de sus nombramientos y la facilidad con la que la discusión pública se desplaza desde la gestión hacia la polémica personal. En un país donde el campo sigue esperando resultados tangibles, cada disputa por la cabeza de una entidad como la ADR termina teniendo una lectura mayor: no solo quién manda, sino si el Estado realmente está llegando a donde más se necesita.



