Pogacar conquista su quinto Tour y entra de lleno en la leyenda del ciclismo
Imagen: El País
Tadej Pogacar ganó su quinto Tour de Francia y se metió en el grupo de los grandes mitos de la carrera, al empatar con Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain. La última etapa fue para Mathieu van der Poel, mientras el esloveno dejó abierta la puerta a competir en la Vuelta.
Tadej Pogacar volvió a escribir historia en el Tour de Francia y ya está instalado, sin discusión, en el panteón de los gigantes de la ronda francesa. Con su quinta victoria final, el esloveno igualó la marca de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain, una lista que durante décadas funcionó como frontera simbólica de la grandeza en el ciclismo. No ganó solo una carrera: consolidó una época.
La última etapa de esta edición quedó en manos de Mathieu van der Poel, que se llevó el triunfo parcial en el cierre de París, mientras Pogacar administró con autoridad una ventaja construida a lo largo de tres semanas. El dato central, sin embargo, estuvo en el balance general del Tour: el corredor del UAE Team Emirates no solo defendió su condición de favorito, sino que volvió a demostrar una superioridad sostenida en montaña, contrarreloj y lectura táctica de carrera. En una prueba donde cualquier desconcentración se paga caro, su control fue casi absoluto.
Lo que hace más relevante este triunfo es que ya no se trata de una promesa cumplida ni de un campeón en ascenso, sino de un ciclista que compite directamente con la memoria del deporte. Pogacar, con apenas 26 años, ya comparte el escalón más alto de la historia del Tour con nombres que marcaron generaciones enteras. Y el hecho de que además haya dejado abierta la posibilidad de correr la Vuelta a España en dos semanas añade otra dimensión: no parece satisfecho con el legado que construyó hasta ahora, sino dispuesto a seguir agrandándolo. Si confirma su presencia, el calendario volverá a girar alrededor suyo y el ciclismo tendrá otra oportunidad de medir hasta dónde puede llegar un corredor que ya no está persiguiendo la historia, sino reescribiéndola.
Para el ciclismo contemporáneo, el impacto de Pogacar va más allá de los títulos. Su dominio devuelve a la escena un tipo de campeón total que parecía reservado a otras épocas, cuando un solo nombre podía alterar el guion entero de una gran vuelta. En una era de máxima especialización, él combina regularidad, agresividad y una capacidad casi instintiva para decidir carreras. Por eso su quinto Tour importa tanto: no solo agranda su palmarés, también reabre el debate sobre si estamos viendo al mejor ciclista del siglo. Y, por ahora, la respuesta empieza a parecer menos exageración que evidencia.




