La TSA vuelve a dejar entrar a no pasajeros en aeropuertos de EE.UU. después del 11-S
Imagen: infobae estados unidos
La TSA volvió a abrir una puerta cerrada desde el 11-S: ahora familiares y acompañantes podrán ingresar a las terminales sin boleto en 13 aeropuertos de EE.UU. La medida busca aliviar una restricción de décadas y mejorar la experiencia de viaje.
Por primera vez desde los atentados del 11-S, la Administración de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos permitió que personas sin pasaje vuelvan a entrar a las terminales aéreas en una selección de aeropuertos del país. La novedad llega con el lanzamiento de “Gateside by TSA PreCheck”, una credencial pensada para familiares y acompañantes que hasta ahora debían quedarse fuera de los controles, incluso en momentos clave como despedidas o asistencia a pasajeros con movilidad reducida.
Según informó Infobae Estados Unidos, el programa comenzará a operar en 13 aeropuertos y representa un giro simbólico en la política de seguridad que se endureció tras los ataques de 2001. Durante más de dos décadas, el acceso a las zonas de embarque quedó prácticamente reservado para viajeros con boleto y personal autorizado, una medida diseñada para blindar los aeropuertos, pero que también transformó la experiencia de quienes acompañaban a un menor, ayudaban a un adulto mayor o simplemente querían despedirse en la puerta. Con esta credencial, la TSA ensaya una fórmula intermedia: mantener el control de seguridad, pero devolver una parte de la vida social que se perdió en el camino.
La decisión importa más de lo que parece. En Estados Unidos, el aeropuerto es no solo una infraestructura de transporte, sino un espacio donde se cruzan seguridad, negocios, turismo y vida familiar. Abrir otra vez el acceso a no pasajeros puede parecer un gesto menor, pero toca una fibra sensible: la de millones de personas que cada año dependen de alguien para llegar a su puerta de embarque. También marca una señal política y operativa de la TSA, que intenta mostrar flexibilidad sin renunciar a su discurso de vigilancia reforzada. La gran pregunta ahora es si esta prueba quedará limitada a unos pocos aeropuertos o si abrirá la puerta a una revisión más amplia del modelo de seguridad instalado tras el 11-S.
Para los viajeros, el cambio puede traducirse en menos estrés y más acompañamiento en el tramo final del viaje. Para los aeropuertos, supone reorganizar controles y evaluar si un sistema pensado para excepciones puede escalar sin poner en discusión el equilibrio entre seguridad y acceso público. En un país donde volar sigue siendo caro, incómodo y cada vez más reglamentado, cualquier alivio en la experiencia de aeropuerto tiene impacto inmediato. Y esta vez, el alivio no empieza en la puerta de embarque: empieza antes, para quienes por fin podrán cruzar de nuevo la terminal sin tener un pasaje en la mano.


