Infertilidad masculina: el sistema sigue mirando hacia otro lado

Imagen: BBC Mundo
La infertilidad masculina sigue siendo un tema minimizado en consultas, diagnósticos y políticas públicas, pese a que en buena parte de los casos participa como factor. Especialistas advierten que la falta de atención retrasa tratamientos y carga el peso emocional sobre las mujeres.
La infertilidad masculina continúa siendo un ángulo ciego en la salud reproductiva: aunque puede explicar o contribuir en una parte sustancial de los casos de infertilidad, el sistema médico y el debate público siguen tratando el problema como si casi siempre estuviera del lado de la mujer. Esa inercia no solo retrasa diagnósticos y tratamientos, sino que también profundiza la carga emocional, económica y social sobre las parejas, especialmente sobre ellas.
De acuerdo con el enfoque que recoge BBC Mundo, el primer obstáculo es cultural: muchos hombres llegan tarde a consulta porque persiste la idea de que la fertilidad es un asunto femenino, y cuando finalmente buscan ayuda encuentran rutas de atención poco claras, evaluaciones fragmentadas y, en ocasiones, mensajes poco empáticos. A eso se suma que el acceso a especialistas en andrología o medicina reproductiva masculina es limitado en varios sistemas de salud, mientras que las pruebas suelen concentrarse en estudios básicos que no siempre explican el origen del problema. En la práctica, eso significa meses o años perdidos en un proceso que exige tiempo, información y seguimiento.
La pregunta clave es cómo debería responder el sistema. La primera respuesta es obvia pero todavía insuficiente: integrar la salud reproductiva masculina en la atención primaria y en las clínicas de fertilidad desde el inicio, no como una derivación tardía. Eso implica protocolos que evalúen a ambos miembros de la pareja con el mismo nivel de seriedad, campañas que normalicen la consulta masculina y capacitación médica para abandonar prejuicios que todavía hacen que el problema se presuma, por defecto, de la mujer. También hace falta ampliar el acceso a estudios más completos y a consejería psicológica, porque un diagnóstico de infertilidad no solo afecta la posibilidad de tener hijos: golpea identidad, autoestima y relaciones de pareja.
Este vacío importa porque la infertilidad no es un asunto privado ni marginal. En Estados Unidos y en América Latina, donde persisten brechas de acceso a especialistas y tratamientos costosos, la falta de atención adecuada amplifica desigualdades. Si el sistema sigue respondiendo tarde, seguirá trasladando el costo del diagnóstico a las familias. Y mientras no se corrija esa mirada sesgada, muchos hombres seguirán llegando al sistema de salud con un problema serio, pero con décadas de estigma encima.




