Por qué sacar rápido a un atrapado en un sismo puede costarle la vida
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Sacar con prisa a una persona atrapada bajo escombros tras un terremoto puede ser mortal. El riesgo no está solo en la presión del derrumbe, sino en el síndrome de aplastamiento que puede desatarse al liberar el cuerpo.
Cuando ocurre un terremoto y alguien queda atrapado bajo los escombros, la reacción instintiva es correr a sacarlo cuanto antes. Pero esa urgencia, aunque humana, puede jugar en contra de la víctima: una extracción apresurada puede desencadenar el síndrome de aplastamiento, una complicación médica grave que puede matar en cuestión de minutos. De acuerdo con información divulgada por El Tiempo (Colombia), el problema no termina cuando el cuerpo sale del derrumbe; en muchos casos, el mayor peligro aparece justo después de liberarlo.
La explicación médica es clave para entender por qué los equipos de rescate insisten en protocolos estrictos. Cuando una persona permanece durante un tiempo prolongado atrapada bajo peso extremo, sus músculos dejan de recibir sangre de forma normal. Al liberarla de golpe, las sustancias tóxicas acumuladas en esos tejidos —incluidos potasio, ácidos y proteínas musculares— pueden entrar masivamente en el torrente sanguíneo y provocar un colapso circulatorio, arritmias, falla renal aguda e incluso la muerte. Por eso, no basta con levantar una losa o apartar un muro: la maniobra debe hacerse con evaluación médica, control del tiempo de compresión y, en muchos casos, con preparación de fluidos y atención de emergencia inmediata.
Este detalle importa porque en tragedias como terremotos, derrumbes o explosiones, la improvisación suele costar vidas. La escena de vecinos, bomberos o voluntarios tratando de sacar a una víctima por sus propios medios es frecuente, sobre todo en comunidades donde el acceso de equipos especializados tarda. Pero justamente ahí radica el riesgo: una extracción sin coordinación puede ser tan peligrosa como el encierro mismo. El síndrome de aplastamiento no es una rareza de manual; es una amenaza real en emergencias urbanas y en zonas sísmicas como Colombia, donde la preparación ciudadana y la capacidad de respuesta institucional pueden marcar la diferencia entre rescatar y agravar la lesión.
La lección es incómoda, pero necesaria: en una emergencia de este tipo, la rapidez no siempre equivale a salvar. A veces, lo correcto es sostener, asegurar la vía aérea, alertar a los servicios médicos y esperar una extracción técnicamente segura. En un país expuesto a sismos y deslizamientos, entender esto no es un lujo informativo; es una medida básica de prevención que puede evitar que una buena intención termine en una fatalidad.




