La FIFA desata polémica al limitar el español rumbo al Mundial 2026

Imagen: Elcomercio.pe
La FIFA quedó bajo fuego por una decisión que, según informó Elcomercio.pe, limita el uso del español en conferencias del Mundial 2026. La polémica crece porque el torneo será coorganizado por México y no contar con intérpretes suficientes golpea a jugadores, prensa y aficionados.
La FIFA abrió un frente innecesario de polémica al restringir el uso del castellano en las conferencias de prensa del Mundial 2026, una medida que —según informó Elcomercio.pe— afecta tanto a periodistas como a futbolistas de perfil internacional, entre ellos figuras como Achraf Hakimi y Vinícius Jr. El problema no es solo lingüístico: en un torneo que se venderá como global, la ausencia de intérpretes y la imposición de barreras idiomáticas proyectan una imagen de improvisación justo en una sede compartida por México, Estados Unidos y Canadá, donde el español tendrá un peso natural dentro y fuera de los estadios.
De acuerdo con la información difundida por el medio peruano, la controversia nació porque la organización no habría garantizado el número suficiente de traductores para atender la demanda de ruedas de prensa multilingües, lo que terminó derivando en una especie de veto práctico al castellano. Eso deja a jugadores hispanohablantes o bilingües ante una elección absurda: responder en un idioma que no dominan con la misma precisión o quedar subordinados a una logística insuficiente. Para la prensa, el golpe es todavía más serio, porque limita el acceso directo a declaraciones y aumenta la dependencia de intermediarios, algo que siempre empobrece la cobertura y eleva el riesgo de malentendidos.
El trasfondo importa más de lo que parece. El Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones y una huella comercial gigantesca en un continente donde el español no es una lengua minoritaria, sino una de las columnas culturales y demográficas del evento. En Estados Unidos, por ejemplo, la comunidad latina será clave en la audiencia, el consumo y la conversación pública; en México, el torneo se juega también como una vitrina nacional. Por eso, una restricción así no solo luce desproporcionada: contradice la lógica de un campeonato que pretende celebrar la diversidad y conectar con millones de personas que siguen el fútbol precisamente en español. Si la FIFA no corrige el rumbo, este episodio puede convertirse en un símbolo de algo más profundo: una organización que habla de inclusión, pero todavía tropieza cuando debe garantizarla en la práctica.
La lección es clara. En competencias de esta magnitud, la comunicación no es un detalle operativo; es parte de la credibilidad del torneo. Si la FIFA quiere evitar que la polémica crezca, tendrá que explicar por qué llegó a este punto y, sobre todo, resolverlo antes de que el Mundial comience a jugarse también en el terreno de la percepción pública.



