Gobierno ordena tercer bombardeo contra disidencias de Iván Mordisco en Guaviare
Imagen: El Tiempo - Política
El Gobierno confirmó un nuevo bombardeo en Guaviare contra estructuras vinculadas a alias Iván Mordisco, en la tercera ofensiva aérea desde que Abelardo De La Espriella llegó a la Presidencia. La operación marca una escalada en la presión militar contra las disidencias en una de las regiones más golpeadas por la guerra.
El Gobierno de Abelardo De La Espriella confirmó un bombardeo en el departamento del Guaviare contra estructuras asociadas a alias Iván Mordisco, una de las figuras más visibles de las disidencias de las antiguas FARC. Con esta acción, ya son tres los bombardeos registrados desde que asumió la jefatura de Estado, un dato que deja ver que la ofensiva militar contra ese grupo no solo continúa, sino que gana intensidad en una zona donde la presencia armada ilegal sigue marcando la vida cotidiana de la población.
La operación fue presentada por el propio mandatario como parte de una estrategia de presión sostenida sobre las redes delictivas que operan en el suroriente del país. Aunque por ahora no se han divulgado todos los detalles sobre el resultado táctico del ataque, la confirmación oficial ratifica que el Ejecutivo mantiene al Guaviare en el centro de su estrategia de seguridad. La región es un corredor clave para economías ilegales, control territorial y movilidad de los grupos armados, lo que explica por qué cada acción militar allí tiene impacto no solo en los combatientes, sino también en comunidades rurales atrapadas entre fuego cruzado, confinamientos y temor permanente.
El hecho cobra relevancia porque el uso reiterado de bombardeos habla de un cambio en el tono del Gobierno frente a las disidencias. Mientras otros mandatos alternaron entre negociación, presión y contención, esta administración parece optar por una línea más frontal, al menos en escenarios donde considera que la estructura armada conserva capacidad ofensiva y control territorial. En el caso de Iván Mordisco, la señal es clara: el Estado busca desgastar su aparato militar y golpear sus centros de mando, logística y reclutamiento. Pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿hasta qué punto estas operaciones reducen realmente la violencia en territorio, o simplemente reacomodan a los grupos armados sin resolver las causas estructurales que los mantienen activos?
Para la gente de a pie en Guaviare y en otras zonas donde se mueve esta estructura, la discusión no es abstracta. Cada bombardeo puede significar menor capacidad de los ilegales para operar, pero también más riesgo de retaliaciones, desplazamientos y restricciones para comunidades que ya viven bajo una presión permanente. En un país donde la guerra irregular cambia de nombre pero conserva lógicas parecidas, la verdadera medición del éxito no será solo cuántos golpes anuncie el Gobierno, sino si esos golpes se traducen en menos miedo, menos control criminal y más Estado en los territorios abandonados durante años.




