Polémica en primaria por actividad sobre ELN y Farc reabre debate sobre enseñar el conflicto

Imagen: infobae colombia
Una actividad escolar en primaria desató indignación de padres tras incluir dibujos y una pregunta sobre las banderas del Eln y las Farc. El Centro Nacional de Memoria Histórica defendió que enseñar el conflicto a los niños es necesario, pero el debate volvió a poner bajo la lupa los límites pedagógicos.
Una guía de trabajo entregada a estudiantes de cuarto y quinto de primaria en Colombia terminó encendiendo una controversia que va mucho más allá del aula: en el material aparecía una pregunta acompañada de dibujos de las banderas del Eln y de las Farc, dos de las organizaciones armadas más asociadas a décadas de violencia en el país. La reacción de varios padres no tardó en llegar y las denuncias comenzaron a circular en redes sociales, donde el episodio fue leído por muchos como una forma inapropiada de exponer a niños pequeños a símbolos de actores armados ilegales.
De acuerdo con la información conocida, el contenido fue distribuido como parte de una actividad escolar para estudiantes de primaria, lo que elevó la sensibilidad del caso. No se trató de una discusión académica en secundaria o bachillerato, donde la enseñanza del conflicto armado suele abordarse con mayor contexto, sino de menores que apenas están consolidando sus primeras nociones sobre historia, ciudadanía y memoria. La molestia de los acudientes se concentró en la aparente falta de contexto pedagógico: para ellos, poner a niños de 9 o 10 años frente a insignias de grupos armados no solo resulta riesgoso, sino potencialmente confuso si no va acompañado de una explicación clara sobre el dolor, las violencias y las responsabilidades históricas de esos actores.
En medio de la controversia, el Centro Nacional de Memoria Histórica salió a referirse al debate y sostuvo que enseñar a los niños la historia del conflicto es necesario. Esa postura coincide con una línea de trabajo que, en términos pedagógicos, busca evitar que las nuevas generaciones crezcan sin entender uno de los fenómenos más determinantes de la vida política y social colombiana. Sin embargo, una cosa es enseñar el conflicto y otra muy distinta es cómo se enseña: el problema no está únicamente en el tema, sino en la manera, la edad de los estudiantes, el lenguaje utilizado y la capacidad de quienes diseñan estas actividades para diferenciar entre memoria histórica y una exposición descontextualizada que puede terminar banalizando a los responsables de la guerra.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero necesaria: Colombia sigue sin resolver del todo cómo se cuenta su guerra interna en las escuelas. Hay sectores que consideran imprescindible que los niños conozcan la historia reciente para no repetirla, mientras otros advierten que cualquier aproximación debe ser cuidadosamente mediada, especialmente en edades tempranas. En un país donde el conflicto armado dejó miles de muertos, desplazados y desaparecidos, el reto no es esconder la historia, sino enseñarla con rigor, sensibilidad y responsabilidad. Porque si la educación sobre la violencia no diferencia entre memoria, contexto y apología, corre el riesgo de provocar exactamente lo contrario de lo que dice buscar: más confusión, más indignación y menos comprensión de lo que realmente significó la guerra para millones de colombianos.


