Economía

Consumo multa con 320.000 euros al Reggaeton Beach Festival por cláusulas abusivas

Hace 2 horas
Consumo multa con 320.000 euros al Reggaeton Beach Festival por cláusulas abusivas

Imagen: El País

Consumo ha impuesto una multa de 320.000 euros al organizador del Reggaeton Beach Festival por prácticas abusivas con el acceso, las consumiciones y las devoluciones del dinero en pulseras de pago. La sanción marca un aviso a la industria del ocio: no todo vale cuando el negocio se apoya en restricciones y cargos opacos.

El Ministerio de Consumo ha castigado con 320.000 euros al organizador del Reggaeton Beach Festival por aplicar prácticas que, según la sanción, vulneraban los derechos de los asistentes: prohibición de entrar con bebida, cobro de gastos de gestión y restricciones al reembolso del dinero no gastado en las pulseras de pago electrónico. La resolución apunta a un modelo de negocio cada vez más extendido en grandes eventos, pero que, a ojos de la administración, se apoyó en cláusulas abusivas para exprimir al consumidor.

La multa no se limita a una cuestión formal. De acuerdo con la información difundida por Consumo, la empresa impidió que los asistentes recuperaran íntegramente el saldo sobrante cargado en las pulseras, un sistema que se ha convertido en la vía habitual de pago en festivales y macroconciertos. A eso se suman las restricciones de acceso con bebida desde el exterior y el cobro adicional por gestión, cargos que elevan el precio real de una jornada de ocio que ya parte de entradas caras, transporte, comida y, en muchos casos, alojamiento. El resultado es una factura final mucho más alta de la que el público cree asumir cuando compra el ticket.

El caso importa porque pone bajo la lupa una práctica que millones de consumidores han normalizado en conciertos, festivales y parques temáticos: pagar por adelantado, recargar saldo y luego resignarse a perder pequeñas cantidades por comisiones o a aceptar condiciones poco claras. En España, como en otros mercados europeos, el debate sobre el abuso de posición en el ocio masivo se ha intensificado a medida que los organizadores trasladan al usuario costes que antes asumían como parte de la experiencia. Esta sanción envía una señal a todo el sector: el control sobre el acceso y el cobro no puede convertirse en una excusa para restringir derechos básicos del consumidor.

Más allá del expediente concreto, el mensaje de Consumo tiene un alcance político y económico evidente. Si prospera este tipo de criterio sancionador, otros promotores tendrán que revisar sus políticas de reembolso, sus sistemas de pago y sus condiciones de entrada para evitar nuevas multas. Para el público, especialmente para los jóvenes que sostienen buena parte del negocio festivalero, el caso deja una advertencia sencilla: el ocio en masa es también un terreno donde se juega la protección del bolsillo, y donde la letra pequeña puede terminar costando cientos de miles de euros a las empresas.

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