La clave mental de Colombia para el Mundial no estaría en la élite, sino en la base

Imagen: infobae colombia
La Selección Colombia no llegará a un Mundial con mentalidad campeona por decreto, sino con una formación sostenida desde abajo. Carlos Gutiérrez, psicólogo de Atlético Nacional, sostiene que el cambio real debe empezar en las divisiones menores de la Federación Colombiana de Fútbol.
La conversación sobre cómo llevar a la Selección Colombia a una verdadera mentalidad ganadora volvió a ponerse sobre la mesa, y esta vez desde un ángulo que suele quedar relegado: el trabajo psicológico desde la base. Carlos Gutiérrez, psicólogo de Atlético Nacional, planteó que si el objetivo es competir con carácter en el próximo Mundial, la transformación no puede depender solo del técnico de turno ni de un buen momento de resultados, sino de una construcción formativa que arranque en las divisiones menores de la Federación Colombiana de Fútbol.
La idea, según explicó en declaraciones recogidas por infobae colombia, es que la mentalidad competitiva no aparece de manera espontánea en la élite. Se entrena, se corrige y se consolida desde etapas tempranas, cuando los jugadores todavía están formando hábitos, respondiendo a la presión y entendiendo qué significa sostener un rendimiento alto en escenarios exigentes. Para Gutiérrez, el fútbol colombiano necesita dejar de pensar la preparación mental como un complemento y asumirla como una parte estructural del proceso deportivo, al mismo nivel que la preparación física, táctica o técnica.
Ese enfoque importa porque Colombia arrastra una discusión histórica sobre sus altibajos en torneos decisivos: equipos y selecciones capaces de mostrar talento, pero no siempre consistencia emocional cuando el contexto aprieta. Ahí está el fondo del problema. En un Mundial no gana únicamente quien juega bien, sino quien soporta mejor la presión, administra el error y compite con convicción durante 90 minutos o más. Si la Federación no incorpora esa mirada desde las categorías juveniles, el país seguirá apostándole a soluciones improvisadas cada cuatro años, como si la fortaleza mental fuera un recurso que se activa por inspiración. En la práctica, eso deja a la Selección expuesta frente a rivales que han convertido la formación integral en una política de largo plazo.
Lo que propone Gutiérrez, en el fondo, es una advertencia y una ruta. Advertencia, porque recuerda que el talento colombiano no basta si no está respaldado por una cultura de exigencia sostenida. Ruta, porque ubica el cambio donde realmente puede ser duradero: en el semillero. Si Colombia quiere llegar al próximo Mundial con aspiraciones más serias que la clasificación, necesita una nueva manera de formar futbolistas, pero también de formar competidores. Y eso no se improvisa en la antesala de la Copa del Mundo; se construye durante años, desde abajo y con método.




