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En Colombia, el primer conteo no decide la elección: la ley habla después

Hace 1 hora
En Colombia, el primer conteo no decide la elección: la ley habla después

Imagen: BBC Mundo

En Colombia, el preconteo suele coronar ganadores en la noche electoral, pero no tiene validez legal. Por eso sectores de la izquierda piden esperar el escrutinio antes de admitir una derrota que aún no está cerrada.

En Colombia, la primera cifra que se conoce la noche de elecciones suele tratarse como si fuera sentencia, pero no lo es. El preconteo ha servido durante más de medio siglo para anunciar vencedores y alimentar titulares, aunque en realidad no tiene respaldo legal: es una lectura rápida, útil para orientar la conversación pública, pero insuficiente para cerrar una contienda. Esa diferencia explica por qué la izquierda insiste en no conceder una derrota antes de que concluya el escrutinio, el conteo formal que sí tiene valor jurídico y puede confirmar, matizar o incluso corregir lo que parecía definido en las primeras horas.

La confusión no es menor. El preconteo recoge con rapidez los resultados que llegan desde las mesas y permite construir una tendencia casi en tiempo real, razón por la cual medios, campañas y ciudadanía lo siguen con ansiedad. Pero esa velocidad tiene un costo: puede arrastrar errores de transmisión, inconsistencias en formularios y datos incompletos que todavía no han pasado por la revisión exhaustiva. El escrutinio, en cambio, es el proceso en el que la autoridad electoral verifica actas, contrasta cifras, resuelve objeciones y depura el resultado oficial. En otras palabras, uno sirve para saber hacia dónde va la elección; el otro para definir, con respaldo institucional, quién ganó realmente.

Ahí está el núcleo político de la discusión. Cuando una elección es cerrada, conceder la derrota con base en el preconteo equivale a cerrar la puerta antes de que termine la revisión. Para sectores de izquierda —y para cualquier campaña que se sienta perjudicada por diferencias mínimas— ese gesto puede ser prematuro y hasta irresponsable, porque legitima una fotografía incompleta de la jornada electoral. En un país con alta sensibilidad frente a la confianza institucional, cada voto mal transcrito, cada mesa con novedad y cada acta cuestionada puede volverse decisiva. Por eso la demanda de esperar no es solo una táctica partidista: también es una advertencia sobre la distancia entre la rapidez mediática y la certeza legal.

La lección de fondo es simple pero incómoda para la cultura política colombiana: la democracia no debería decidirse por la primera cifra que aparece en pantalla. El país lleva décadas normalizando el preconteo como si fuera el veredicto final, pese a que la norma dice otra cosa. Mientras esa costumbre siga vigente, la tentación de celebrar demasiado pronto o de rendirse antes de tiempo seguirá alimentando la polarización, la desconfianza y las sospechas en torno a cada elección. En un sistema electoral serio, la prisa puede informar; pero solo el escrutinio debe definir.

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