Corrales advierte que el petróleo puede reactivar el antiestadounidensismo en América Latina

Imagen: BBC Mundo
El politólogo Javier Corrales advierte que el acuerdo petrolero impulsado entre Washington y Caracas puede reavivar viejos resentimientos en América Latina. Según él, si EE.UU. actúa como dueño de los recursos venezolanos, alimenta el mismo discurso antiimperialista que catapultó a Hugo Chávez.
El politólogo Javier Corrales, uno de los académicos que mejor ha seguido durante años la arquitectura del poder en Venezuela, lanza una advertencia que va más allá del petróleo: si Estados Unidos se comporta como si tuviera derechos de propiedad sobre los recursos venezolanos, podría terminar alimentando el resentimiento político del que nacen figuras como Hugo Chávez en América Latina. Su lectura pone el foco en el costo simbólico y geopolítico del acuerdo petrolero que, según la información disponible, involucra a los gobiernos de Donald Trump y Delcy Rodríguez en un momento de máxima fragilidad para la región.
Corrales sostiene que el negocio no debe analizarse solo como una transacción energética, sino como una señal política con varias capas. Por un lado, está la necesidad de Washington de asegurar suministros en un mercado marcado por tensiones internacionales y por la volatilidad de los precios. Por otro, está el mensaje que recibe la opinión pública venezolana y latinoamericana si la Casa Blanca aparece negociando con una dirigencia que ha sido sancionada, cuestionada y desconectada de una legitimidad democrática plena. En ese cruce, el petróleo deja de ser solo un recurso: se convierte en argumento de poder, legitimidad y propaganda.
La advertencia de Corrales importa porque la historia reciente de América Latina está llena de episodios en los que la intervención real o percibida de Washington terminó fortaleciendo a liderazgos que se presentaron como defensores de la soberanía nacional. Ese patrón fue decisivo para el ascenso de Chávez y sigue siendo una herramienta política poderosa en sociedades atravesadas por desigualdad, crisis institucional y desconfianza hacia las élites. Si el gobierno estadounidense da la impresión de querer administrar, condicionar o apropiarse de la renta venezolana, el discurso antiestadounidense puede recuperar fuerza no solo en Venezuela, sino también en países donde el malestar social busca una narrativa fácil de identificar al enemigo externo.
Además, el asunto no se limita a la retórica. Cualquier acercamiento petrolero entre Washington y Caracas puede reordenar alianzas, alterar expectativas en la oposición venezolana y generar tensiones en la región sobre hasta qué punto EE.UU. prioriza sus intereses energéticos por encima de los principios democráticos que dice defender. Para los ciudadanos comunes, especialmente en Venezuela, el riesgo es que una negociación de alto nivel termine reforzando a las cúpulas mientras la vida cotidiana sigue marcada por salarios débiles, servicios precarios y una economía que no logra estabilizarse. En esa contradicción, Corrales ve el peligro central: que una apuesta por el petróleo termine abriendo espacio a nuevos ciclos de polarización política en América Latina.



