Colombia

Vishing golpea a siete de cada diez colombianos y dispara alertas por fraude

Hace 2 horas

El vishing se consolida como una de las amenazas más visibles para los colombianos: el 71% dice haber recibido intentos de fraude por suplantación. Además, el 95% percibe alta frecuencia de estos delitos y el 70% conoce a alguien afectado.

El fraude por suplantación telefónica, conocido como vishing, ya no es un problema marginal en Colombia: se ha convertido en una experiencia común para la mayoría de la población. Según cifras de DataCrédito Experian citadas por infobae colombia, el 71% de los colombianos dijo haber enfrentado intentos de fraude mediante este tipo de engaño, una señal clara de que las redes criminales están golpeando con insistencia a usuarios de todos los perfiles.

El informe también revela un dato todavía más alarmante: el 95% de la población percibe que estos delitos ocurren con alta frecuencia, mientras que el 70% afirma conocer a alguna persona afectada en su entorno cercano. Esa combinación de experiencia directa, percepción de riesgo y circulación de casos conocidos explica por qué la preocupación crece más rápido que la capacidad de respuesta de muchas víctimas, que a menudo no logran identificar el fraude hasta que ya entregaron información sensible o autorizaron movimientos indebidos.

La expansión del vishing no es casual. Este tipo de estafa se aprovecha de una vulnerabilidad muy básica: la confianza que muchas personas siguen depositando en llamadas, mensajes o contactos que aparentan provenir de bancos, empresas de servicios, operadores móviles o incluso entidades públicas. El problema no es solo tecnológico, sino también social. Los estafadores combinan ingeniería social, presión psicológica y datos filtrados para construir relatos convincentes y forzar decisiones rápidas. En un país donde buena parte de las transacciones, trámites y notificaciones siguen pasando por canales digitales o telefónicos, el costo puede ser alto para familias y trabajadores que terminan expuestos a robo de dinero, datos personales y su identidad financiera.

Lo que muestran estas cifras es que Colombia atraviesa una fase de normalización del riesgo: el fraude por suplantación ya no sorprende, pero sigue encontrando víctimas. Por eso el desafío no está solo en denunciar, sino en cerrar la brecha entre la advertencia y la prevención real. Mientras el delito se adapta con rapidez, los usuarios siguen dependiendo de una cultura de verificación que todavía es débil y de respuestas institucionales que, en la práctica, suelen llegar después del daño.

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