Política

CNE llega a la segunda vuelta presidencial con el escrutinio del Senado aún sin cerrar

Hace 5 horas

El Consejo Nacional Electoral sigue sin cerrar oficialmente el escrutinio nacional del Senado, dos meses después de las legislativas. El retraso ocurre justo cuando el organismo también debe asumir el conteo de la segunda vuelta presidencial, una prueba crítica para su credibilidad.

El escrutinio nacional del Senado sigue abierto y, dos meses después de las elecciones legislativas, el Consejo Nacional Electoral aún no ha expedido la declaratoria oficial de resultados, según informó El Tiempo - Política. La demora no es un detalle administrativo menor: mantiene en suspenso la confirmación definitiva de las curules, prolonga la incertidumbre sobre la composición real del Congreso y deja al organismo electoral frente a un nuevo reto institucional en cuestión de días, cuando debe encargarse también del conteo de la segunda vuelta presidencial.

La situación resulta especialmente delicada porque el cierre del escrutinio es el paso que le da firmeza jurídica al resultado electoral. Mientras esa etapa no se completa, persisten discusiones sobre la validez de votos, posibles reclamaciones y ajustes en la asignación final de escaños, todo lo cual afecta no solo a los partidos y candidatos, sino también a la percepción de transparencia del proceso. En la práctica, el país entra a una nueva jornada presidencial con un árbitro electoral que todavía no ha terminado de resolver el partido anterior. Esa carga simultánea plantea interrogantes sobre la capacidad operativa del CNE, su oportunidad para responder a los reclamos y la rapidez con que puede entregar certezas en un escenario donde cada hora cuenta.

Más allá del tecnicismo, el fondo del problema es político e institucional. En Colombia, la confianza en las autoridades electorales se mide no solo por la legalidad de sus decisiones, sino por su capacidad para cerrar los procesos con celeridad y sin dejar espacios prolongados para la sospecha. Dos meses es un plazo difícil de justificar para una opinión pública que espera resultados claros y oportunos, especialmente en un momento en el que la polarización convierte cada retraso en combustible para la desconfianza. Y si el escrutinio legislativo todavía no termina, la segunda vuelta presidencial llega con la presión adicional de demostrar que el sistema electoral puede responder sin tropiezos ni dilaciones a dos procesos de alta sensibilidad política.

Lo que está en juego no es únicamente la foto final del Senado o el resultado de una segunda vuelta. También está en juego la idea de que la autoridad electoral puede administrar con solvencia la arquitectura democrática en tiempos de máxima tensión. Si el CNE no logra cerrar pronto el capítulo legislativo y, al mismo tiempo, conducir con transparencia el conteo presidencial, el costo no recaerá solo en sus funcionarios: lo asumirá el sistema político en su conjunto, y con él millones de ciudadanos que dependen de reglas claras para confiar en quién gobierna y quién legisla.

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