PISA marca su peor caída histórica y deja en evidencia la crisis educativa de la OCDE

Imagen: BBC Mundo
Los países de la OCDE registraron en PISA su peor desempeño desde que existe la prueba, un golpe que confirma una tendencia de deterioro educativo difícil de ignorar. La caída abre preguntas sobre el impacto de la pandemia, la desigualdad y la capacidad real de los sistemas escolares para recuperar terreno.
Los países de la OCDE acaban de recibir una advertencia difícil de maquillar: los resultados más recientes del Informe PISA marcan el peor registro desde que esta evaluación internacional comenzó a medir el rendimiento de los estudiantes. El dato no solo habla de una caída en competencias básicas, sino de un deterioro acumulado que pone bajo presión a los sistemas educativos de buena parte del mundo desarrollado y que también debería inquietar a América Latina, donde las brechas suelen ser todavía más profundas.
De acuerdo con la información divulgada por BBC Mundo, el retroceso fue generalizado y confirma una tendencia que venía gestándose antes de la pandemia, pero que se aceleró con el cierre de escuelas, la interrupción de clases presenciales y la desigual capacidad de respuesta entre países y familias. PISA, aplicada por la OCDE, no mide únicamente cuánto memoriza un estudiante: evalúa si puede comprender textos, resolver problemas matemáticos y aplicar conocimientos en contextos reales. Cuando esas cifras caen, lo que se deteriora no es un examen aislado, sino la base sobre la que se construyen la productividad, la movilidad social y, a largo plazo, la competitividad de una economía.
Lo preocupante es que este descenso no golpea solo a los alumnos con mayores dificultades. El informe sugiere una erosión más amplia del aprendizaje que deja al descubierto problemas estructurales: planes de estudio desactualizados, desgaste docente, uso desigual de la tecnología y sistemas escolares que todavía no logran compensar el impacto de la pobreza en el rendimiento. En países como Estados Unidos, donde el debate educativo suele quedar atrapado entre la politización y la disputa presupuestaria, el mensaje es especialmente incómodo. Y en Colombia, donde los rezagos históricos ya eran evidentes antes del golpe sanitario, la señal es doblemente grave: sin una recuperación sostenida, la brecha entre estudiantes de distintos estratos puede seguir ampliándose hasta volverse casi irreversible.
Por eso este retroceso importa más allá de la estadística. PISA suele funcionar como termómetro y, a la vez, como espejo incómodo: muestra qué tan preparados están los sistemas para formar ciudadanos capaces de competir, pensar críticamente y sostener economías más complejas. Si los resultados de la OCDE son hoy los peores en la historia de la prueba, el problema ya no es solo educativo; es social y político. La pregunta de fondo es cuánto tiempo más pueden los gobiernos seguir prometiendo recuperación sin transformar de verdad las escuelas, el financiamiento y las condiciones en las que aprenden millones de niños y adolescentes.

