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Trump y las tecnológicas sellan un pacto por la IA en medio de crecientes riesgos

Hace 2 horas

Donald Trump recibió a los principales ejecutivos de inteligencia artificial en la Casa Blanca y selló un código de buenas prácticas para “regular” el uso de esta tecnología. El acuerdo llega en medio de crecientes temores por su impacto en seguridad, empleo y desinformación.

Donald Trump cerró en la Casa Blanca un entendimiento con los gigantes de la inteligencia artificial que, en teoría, busca ordenar una tecnología que avanza más rápido que las reglas que pretenden controlarla. El llamado código de buenas prácticas reúne a las grandes empresas del sector alrededor de compromisos para reducir riesgos asociados al uso de la IA, en un gesto que mezcla presión política, cálculo empresarial y una urgencia cada vez más difícil de ignorar para Washington.

Según informó clarin colombia, los principales ejecutivos de las compañías tecnológicas acudieron al encuentro con el compromiso de aceptar lineamientos destinados a “regular” el desarrollo y aplicación de estas herramientas. La movida no supone una ley ni un marco obligatorio en sentido estricto, pero sí envía una señal clara: el Gobierno estadounidense quiere aparecer al frente de la conversación sobre una industria que ya impacta la economía, la seguridad nacional, el empleo y hasta la calidad del debate público. En un escenario donde la IA puede acelerar procesos productivos y, al mismo tiempo, amplificar fraudes, sesgos y manipulación política, el gesto de la Casa Blanca busca mostrar control antes de que aparezcan daños más difíciles de contener.

El punto de fondo es que la IA dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una infraestructura de poder. De acuerdo con el contexto que rodea este acuerdo, las grandes tecnológicas saben que un vacío regulatorio total puede terminar en una reacción más dura del Estado, especialmente si aumentan los casos de desinformación, uso indebido de datos o decisiones automatizadas con efectos laborales y sociales. Para Trump, además, el pacto también funciona como una fotografía política útil: el presidente se muestra capaz de reunir a las empresas más influyentes del mundo y de proyectar liderazgo sobre un sector que hoy marca la competitividad entre Estados Unidos, China y Europa. Pero el verdadero examen no está en la ceremonia, sino en la aplicación real de lo firmado.

Ahí es donde entra la duda central: este tipo de códigos suelen depender más de la voluntad de las compañías que de mecanismos concretos de sanción. Y en una industria donde la carrera por innovar suele ir más rápido que cualquier control, la pregunta no es solo qué prometieron los gigantes de la IA, sino cuánto están dispuestos a limitar sus propios productos. Para los ciudadanos en Estados Unidos y también para países como Colombia, donde estas plataformas ya afectan empleo, educación y consumo de información, lo que ocurra después de esta firma puede terminar definiendo si la inteligencia artificial se convierte en una herramienta de progreso supervisado o en un riesgo administrado tarde y mal.

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