Claudia Benavides Salazar, la apuesta técnica que llega a Ciencia en el nuevo gobierno
Imagen: El Tiempo - Política
Claudia Benavides Salazar llegará al Ministerio de Ciencia del gobierno entrante tras ser seleccionada mediante el Banco Nacional de Talentos, un mecanismo que buscó perfilar aspirantes con hoja de vida técnica. Su nombramiento abre preguntas sobre la apuesta del nuevo gabinete por la ciencia y la innovación.
Claudia Benavides Salazar será la nueva ministra de Ciencia del gobierno entrante, una designación que marca desde el comienzo una señal política: el Ejecutivo opta por una investigadora con perfil técnico y no por una figura de peso partidista. Su llegada al gabinete se produjo tras ser elegida mediante el Banco Nacional de Talentos, una plataforma creada para identificar perfiles con experiencia y capacidad de gestión en áreas estratégicas del Estado.
Aunque el anuncio pone el foco en su nombre, el dato relevante es el método de selección. En un país donde los ministerios suelen repartirse entre cuotas políticas, el uso del Banco Nacional de Talentos sugiere una intención de darle un sello más tecnocrático al sector de ciencia, un área que durante años ha reclamado mayor presupuesto, continuidad institucional y menos improvisación. De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo - Política, Benavides llega al cargo con un recorrido como investigadora, lo que refuerza la idea de que el nuevo gobierno quiere mostrar que la ciencia no será tratada como un adorno burocrático, sino como una herramienta de competitividad y desarrollo.
Ese matiz importa más de lo que parece. Colombia sigue arrastrando una deuda histórica con la inversión en ciencia, tecnología e innovación, y el problema no es solo cuánto dinero se asigna, sino cómo se traduce en resultados para universidades, laboratorios, becas, proyectos regionales y transferencia de conocimiento hacia la economía real. En ese contexto, que una ministra llegue por mérito técnico puede elevar las expectativas, pero también incrementa la exigencia: ya no bastará con discursos sobre soberanía científica o transformación productiva, sino con decisiones concretas sobre financiación, articulación con el sistema universitario y capacidad para convertir la investigación en política pública útil para la gente.
El reto de Benavides será doble. Por un lado, deberá ganarse rápidamente la confianza de una comunidad científica que suele mirar con escepticismo los anuncios de cada nuevo gobierno; por el otro, tendrá que demostrar que un perfil académico puede navegar con eficacia la presión presupuestal, las tensiones internas del gabinete y la lentitud institucional que tantas veces frena la ejecución estatal. Si logra traducir su perfil en resultados, su nombramiento podría convertirse en una señal de cambio real. Si no, terminará sumándose a la larga lista de apuestas técnicas que se diluyen en el laberinto de la política colombiana.


