José Serrano vuelve a Ecuador y enfrenta el caso más sensible del asesinato de Villavicencio

Imagen: BBC Mundo
José Serrano, exministro del Interior de Rafael Correa, llegó este viernes a Ecuador deportado desde Estados Unidos, donde pidió asilo político sin éxito. Su retorno reaviva una de las investigaciones más sensibles del caso Fernando Villavicencio.
José Serrano volvió este viernes a Ecuador en una situación judicial y política explosiva: fue deportado desde Estados Unidos, donde intentó sin éxito obtener asilo político, y ahora enfrenta el peso de una investigación que lo señala como uno de los presuntos autores intelectuales del asesinato de Fernando Villavicencio. Su llegada no solo reabre una causa que ha golpeado al sistema político ecuatoriano, sino que también pone nuevamente bajo la lupa a una figura que durante años tuvo poder real dentro del Estado.
Serrano no es un nombre menor en la historia reciente de Ecuador. Fue ministro del Interior durante el gobierno de Rafael Correa, una cartera desde la que acumuló influencia sobre el aparato de seguridad y las decisiones de orden público. De acuerdo con la información divulgada por BBC Mundo, su arribo al país ocurrió después de que las autoridades estadounidenses rechazaran su solicitud de asilo, dejando al exfuncionario sin el blindaje legal que buscaba para permanecer fuera del alcance de la justicia ecuatoriana. Su deportación lo devuelve al centro de un expediente que se ha convertido en una de las investigaciones más delicadas desde el magnicidio de Villavicencio, asesinado en plena campaña presidencial en 2023.
Lo que hace particularmente grave este caso es que no se trata únicamente de un exministro regresando al país, sino de un personaje vinculado a una trama que, si avanza, podría tocar a sectores de poder todavía influyentes en Ecuador. El asesinato de Villavicencio sacudió la campaña, profundizó la sensación de desprotección ciudadana y dejó en evidencia la capacidad de las mafias y redes criminales para incidir en la vida política. Por eso importa tanto quién pudo haber ordenado o facilitado el crimen: porque la respuesta no solo define responsabilidades penales, sino también el estado real de la democracia ecuatoriana y la penetración del crimen organizado en las instituciones.
El regreso de Serrano llega, además, en un momento en que Ecuador sigue lidiando con una crisis de seguridad que ha desbordado cárceles, calles y estructuras estatales. Para la ciudadanía, el caso Villavicencio no es una disputa entre élites ni un episodio aislado: es una radiografía de cómo la violencia política ha dejado de ser una amenaza abstracta para convertirse en una fuerza que condiciona elecciones, candidaturas y decisiones públicas. Si la investigación avanza con solidez, el impacto podría ser mayor que el de una simple captura o deportación: podría abrir una ventana inédita para entender quiénes ordenan realmente la violencia en el país y hasta dónde llega su poder.




