Rafael Acevedo toma Tunja con promesas de auditoría, POT y revisión de fotomultas
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Rafael Acevedo, arquitecto y nuevo alcalde de Tunja, asumió con 17 meses por delante tras la salida de Mikhail Krasnov. Su arranque dejó tres mensajes: revisar el POT, endurecer el debate sobre fotomultas y auditar contratos heredados.
Rafael Acevedo tomó las riendas de la Alcaldía de Tunja en medio de una transición que no solo cambia de nombre al frente del gobierno local, sino también de estilo y de prioridades. Arquitecto de profesión, llega al cargo con 17 meses para administrar una ciudad que sale de una etapa turbulenta, marcada por la salida del ruso Mikhail Krasnov, y con la presión inmediata de demostrar que puede ordenar la casa sin perder tiempo en ajustes políticos. Su primer movimiento fue enviar una señal clara: revisará el Plan de Ordenamiento Territorial, pondrá bajo la lupa las fotomultas y ordenará una auditoría sobre varios contratos de la administración anterior, según informó El Tiempo (Colombia).
El nuevo mandatario asume en un momento especialmente sensible para Tunja. No se trata solo de completar un periodo; se trata de recuperar confianza institucional después de una salida tempestuosa que dejó dudas sobre la gobernabilidad y sobre la capacidad de la administración local para sostener una agenda coherente. Por eso sus anuncios iniciales no son menores. El POT define cómo crece la ciudad, dónde se construye, cómo se protege el suelo urbano y qué modelo de desarrollo se impone para los próximos años. Las fotomultas, por su parte, son un asunto explosivo en cualquier capital intermedia: afectan movilidad, percepción de recaudo y relación entre ciudadanos y autoridades. Y una auditoría contractual, si se hace en serio, suele convertirse en una prueba de fuego para medir si hay voluntad real de corregir irregularidades o simplemente de marcar distancia con el pasado.
Acevedo no llega como un político tradicional de largo recorrido en la maquinaria local, sino como un perfil técnico que ahora deberá traducir su formación en capacidad de gobierno. Eso puede jugar a su favor si logra imponer orden en la gestión y priorizar decisiones de impacto visible para la ciudadanía; pero también puede convertirse en una desventaja si su administración termina atrapada entre expectativas altas, tiempos cortos y resistencias internas. En una ciudad como Tunja, donde los debates urbanos se cruzan con problemas de transporte, empleo, expansión desordenada y desconfianza en las instituciones, el margen de error es mínimo. Cada decisión sobre ordenamiento, sanciones de tránsito o revisión contractual tendrá lectura política inmediata.
Lo que ocurra en estos 17 meses será clave no solo para el cierre de este periodo, sino para el rumbo institucional de Tunja en adelante. Acevedo tiene una oportunidad limitada pero decisiva: puede dejar la impresión de que llegó para estabilizar una ciudad golpeada por el ruido político, o terminar como otro alcalde de transición en una capital que sigue buscando gobernabilidad. En medio de ese desafío, su verdadera prueba no estará en los anuncios, sino en la capacidad de convertirlos en decisiones concretas que la gente perciba en la calle, en la movilidad y en la forma en que se administra lo público.


