Colombia

Cartagena discute quién controlará las Fiestas de Independencia y crece el temor a su comercialización

Hace 3 horas

La audiencia pública en el Concejo de Cartagena dejó al descubierto un pulso de fondo: quién controlará las Fiestas de Independencia del 11 de Noviembre. Gestores culturales alertan que el proyecto del Distrito podría abrir la puerta a una mayor comercialización de una celebración histórica.

La discusión sobre el futuro de las Fiestas de Independencia de Cartagena ya no es solo cultural: es una pelea por el control, la financiación y el sentido de una de las celebraciones más emblemáticas del Caribe colombiano. Según informó El Tiempo (Colombia), la audiencia pública en el Concejo dejó en evidencia diferencias profundas frente al proyecto del Distrito que busca redefinir quién manejará las festividades del 11 de Noviembre, un debate que toca una fibra sensible en una ciudad donde la fiesta es, al mismo tiempo, patrimonio, economía y política pública.

En el Concejo se cruzaron dos visiones. Por un lado, la administración distrital sostiene la necesidad de ordenar la organización de unas fiestas que durante años han convivido con improvisación, tensiones presupuestales y cambios de rumbo. Por el otro, gestores culturales y actores tradicionales advierten que cualquier nueva fórmula de manejo debe blindar la esencia popular y comunitaria de la celebración. Su temor principal, según expusieron en la audiencia, es que el modelo termine privilegiando intereses comerciales por encima del legado histórico y del papel que han tenido los barrios, los colectivos artísticos y las comparsas en la construcción de esta fiesta.

La controversia no es menor. Las Fiestas de Independencia no son un evento cualquiera en Cartagena: son una expresión de memoria colectiva que conecta la ciudad con su historia de resistencia, con las comunidades afrodescendientes y con una economía festiva que mueve empleo temporal, turismo, comercio informal y producción cultural. Por eso, decidir quién las administra no es un asunto técnico, sino una decisión con impacto directo sobre la manera en que se distribuyen recursos, se contratan actividades y se define qué voces tienen prioridad. Cuando una celebración de esta magnitud se somete a lógicas de mercado sin suficientes contrapesos, el riesgo no es solo simbólico; también puede traducirse en exclusión de los sectores que históricamente le han dado vida a la fiesta.

El debate que se abrió en el Concejo refleja una tensión más amplia que atraviesa a muchas ciudades en Colombia: cómo modernizar la gestión cultural sin vaciar de contenido las tradiciones populares. Cartagena está ante una decisión que puede fortalecer la institucionalidad de sus fiestas o convertirlas en una vitrina más para marcas, contratistas y agendas externas. Para la ciudadanía, la pregunta de fondo es simple y poderosa: ¿las Fiestas de Independencia seguirán siendo un espacio de identidad colectiva, o terminarán convertidas en un producto administrado desde arriba? La respuesta no solo definirá la próxima edición del 11 de Noviembre, sino el lugar que la cultura ocupará en el modelo de ciudad que se quiere construir.

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