Cancelación de Millonarios y Once Caldas revive críticas contra Sencia

Imagen: www.colombia.com/deportes
La cancelación del partido entre Millonarios y Once Caldas volvió a poner a Sencia en el centro de las críticas en Bogotá. El cuestionado concesionario de El Campín enfrenta nuevas dudas por su gestión del estadio y por el impacto directo en aficionados y clubes.
La cancelación del partido entre Millonarios y Once Caldas desató una nueva tormenta sobre Sencia, el concesionario que administra el estadio El Campín y que otra vez quedó en el ojo del huracán por la forma en que gestiona uno de los escenarios deportivos más sensibles de Bogotá. El episodio no solo frustró a miles de hinchas; también reavivó la discusión sobre quién controla realmente el principal estadio de la capital y por qué su operación sigue acumulando molestias.
Según informó www.colombia.com/deportes, la decisión de suspender el encuentro provocó una oleada de críticas contra la APP Sencia, un modelo de concesión que desde hace tiempo ha sido cuestionado por ciudadanos, seguidores del fútbol y sectores que reclaman mayor claridad sobre sus responsabilidades. En una ciudad donde El Campín no es solo una cancha sino un punto de encuentro masivo, cada falla operativa termina amplificándose: afecta boletería, logística, transporte, seguridad y la confianza de quienes pagan por asistir.
El nuevo episodio importa porque pone de relieve una tensión de fondo que Bogotá no ha resuelto: la administración de un bien público estratégico en manos de una alianza privada que debe responder por el servicio, pero que al mismo tiempo enfrenta un desgaste evidente ante la opinión pública. Cuando un partido se cae, el problema no se limita al calendario deportivo; golpea la economía alrededor del evento, perjudica a comerciantes, desordena la movilidad y alimenta la percepción de que el estadio opera más bajo la lógica de la improvisación que de la eficiencia. Y en una ciudad donde el fútbol mueve dinero, emociones y agenda urbana, ese tipo de tropiezos tiene consecuencias políticas.
Lo de Millonarios y Once Caldas es apenas el síntoma más visible de una discusión que viene creciendo: qué tan bien está funcionando Sencia, a quién beneficia su modelo y por qué, pese a las críticas recurrentes, sigue siendo tan difícil obtener respuestas satisfactorias sobre su gestión. Bogotá necesita un estadio que funcione como activo público, no como fuente permanente de conflicto. Cada cancelación, cada queja y cada nueva duda sobre el concesionario profundizan una pregunta que ya no es menor: quién responde cuando El Campín falla.




