Radican reforma para sacar la política del CNE y elegir magistrados por méritos
Imagen: El Tiempo - Política
Un bloque multipartidista radicó una reforma para cambiar la forma en que se elige el Consejo Nacional Electoral y sacar de allí la cuota partidista. La propuesta plantea concurso de méritos y revisión de altas cortes, pero solo entraría a operar en 2030.
La puerta de entrada al Consejo Nacional Electoral podría dejar de estar en la negociación política y pasar a depender de un concurso de méritos. Esa es la apuesta de una bancada multipartidista que radicó una reforma constitucional para “despolitizar” el órgano electoral, reducir la lógica de reparto entre partidos y someter la selección de sus magistrados a filtros técnicos y judiciales. La iniciativa no solo toca una de las instituciones más sensibles del sistema democrático colombiano, sino que abre un debate de fondo sobre quién vigila las elecciones y bajo qué reglas.
Según informó El Tiempo - Política, el proyecto propone que los futuros integrantes del CNE no lleguen por cuota de colectividades, sino tras una evaluación de méritos y con un control adicional de las altas cortes. Además, la reforma tendría un tránsito legislativo largo: deberá superar ocho debates en el Congreso, una ruta especialmente exigente incluso para cambios que cuentan con respaldo transversal. Un detalle clave es que, de aprobarse, su aplicación formal no sería inmediata, sino que entraría a regir a partir de 2030, lo que deja un periodo de transición largo y, en la práctica, preserva el esquema actual durante varios años más.
El intento de mover el CNE hacia un modelo más técnico no es menor. En Colombia, este organismo ha sido históricamente objeto de críticas por su cercanía a los partidos que terminan eligiendo a sus magistrados, una fórmula que para muchos termina mezclando vigilancia electoral con cálculo político. Por eso, la propuesta intenta responder a una discusión vieja: cómo garantizar árbitros más independientes en un país donde la sospecha sobre la autoridad electoral ha sido recurrente, sobre todo en ciclos de alta polarización. Sin embargo, el camino no será sencillo. Reformar la arquitectura del CNE implica tocar intereses instalados y redefinir equilibrios entre Congreso, partidos y poder judicial, tres actores que rara vez ceden sin condiciones.
El trasfondo también importa por su impacto en la confianza ciudadana. En un país donde las elecciones suelen quedar bajo escrutinio por denuncias de clientelismo, sesgos o lentitud en decisiones sobre campañas y financiamiento, cambiar las reglas del CNE sería una señal política potente. Pero el aplazamiento hasta 2030 deja una pregunta abierta: ¿la reforma busca transformar de verdad la institucionalidad electoral o apenas abre un debate que, por su complejidad, podría terminar diluyéndose en el Congreso? La respuesta dependerá de si los promotores logran convertir una idea de modernización institucional en un consenso real, algo que en Colombia rara vez ocurre sin costos políticos.


