Ramiro Castilla asume la intervención de Air-e en plena tormenta financiera
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Ramiro Castilla fue designado como nuevo interventor de Air-e, en reemplazo de una gestión que hereda una crisis financiera y operativa de alto voltaje. Su llegada no es menor: conoce la empresa desde adentro y aterriza en el momento más delicado para la distribuidora del Caribe.
Ramiro Castilla fue designado como nuevo interventor de Air-e, la empresa encargada de prestar el servicio de energía en buena parte de la región Caribe, en una movida que confirma la búsqueda de continuidad en medio de una crisis que no da tregua. La designación fue confirmada a EL TIEMPO por una fuente cercana al proceso y llega cuando la compañía sigue atrapada entre problemas financieros, presiones regulatorias y el malestar de millones de usuarios que conviven con interrupciones, facturas impagables y un servicio todavía frágil.
Castilla no llega como un extraño. Lleva años moviéndose en el sector eléctrico y, según la información conocida, ya había sido directivo de Air-e durante el periodo de intervención, además de tener experiencia acumulada desde la época de Electricaribe, la antigua operadora que terminó convertida en símbolo del deterioro del sistema eléctrico en la costa. Ese recorrido le da una ventaja evidente: conoce la estructura interna, los nudos técnicos y la historia reciente de una empresa que ha sido intervenida justamente porque el mercado privado no logró resolver los rezagos que dejó la crisis de Electricaribe.
La relevancia del nombramiento está en el momento en que ocurre. Air-e no solo arrastra una cartera pesada y tensiones con proveedores y acreedores; también opera en un entorno en el que la discusión sobre subsidios, pérdidas de energía, inversión en redes y calidad del servicio sigue abierta. En la práctica, el nuevo interventor tendrá que administrar una compañía bajo fuerte vigilancia estatal, con poco margen para el ensayo y error, mientras intenta contener el deterioro financiero y evitar que la crisis se convierta en un problema aún mayor para hogares, comercios e industria en Atlántico, Magdalena y La Guajira. Su experiencia puede ayudar a leer mejor el terreno, pero también lo expone a una expectativa inmediata: resultados rápidos en un negocio donde las soluciones suelen tardar mucho más que los nombramientos.
El desafío de Castilla va más allá de la gerencia de una empresa en rojo. Lo que está en juego es la estabilidad de un servicio esencial en una región donde la electricidad no es un lujo sino una condición básica para sostener la vida cotidiana y la actividad económica. Si la intervención vuelve a cambiar de manos, la pregunta de fondo sigue intacta: si con tanta rotación, crisis y tutelas el país todavía no logra corregir el problema estructural del Caribe eléctrico, el costo seguirá pagándolo la gente de a pie, que cada mes recibe la misma factura: pagar más por un servicio que sigue sin convencer.



