Política

Escrutinio avanza al 99,04% y define si el preconteo presidencial se mantiene

Hace 2 horas

El escrutinio electoral en Colombia ya va en 99,04% y, según Hernán Penagos, el proceso avanza sin sobresaltos. Aunque el preconteo ya marca como presidente electo a Abelardo de la Espriella con 12.959.542 votos, la discusión ahora es cuánto puede moverse —o no— la cuenta final.

El escrutinio de las elecciones presidenciales en Colombia entró en su fase decisiva con una pregunta que siempre reaparece cuando se conocen resultados preliminares: ¿puede cambiar el ganador después del preconteo? En este caso, el registrador nacional, Hernán Penagos, aseguró que el proceso ya alcanzó el 99,04% y que el avance ha sido fluido, mientras el tablero preliminar deja a Abelardo de la Espriella como presidente electo con 12.959.542 votos. La señal política es clara: el resultado ya tomó forma, pero todavía falta el cierre formal que valida lo que arrojó la noche electoral.

Ese cierre no es un trámite menor. El preconteo, como lo conocen los colombianos, sirve para dar una foto rápida de la jornada, pero no tiene el mismo peso jurídico que el escrutinio, que revisa actas, corrige inconsistencias, contrasta registros y consolida la cifra oficial. Por eso, aunque la diferencia entre ambas etapas suele ser reducida, sí puede haber ajustes en votos de mesa, mesas anuladas, formularios con errores o sumas que no cuadran. Según informó la Registraduría, el avance del 99,04% muestra que el país está ya muy cerca de tener una conclusión definitiva, un dato relevante no solo para los partidos y las campañas, sino para una ciudadanía que exige certeza después de cada elección.

La pregunta de fondo no es solamente técnica. En un país marcado por la desconfianza hacia las instituciones y por episodios en los que la narrativa electoral se contamina rápidamente con sospechas, el escrutinio es la prueba de fuego del sistema. Si el margen entre candidatos es amplio, lo normal es que el resultado final se mantenga; si es estrecho, cualquier corrección adquiere un peso político mayor. En este caso, la cifra difundida sobre la victoria de De la Espriella sugiere una ventaja ya consolidada, pero el dato del 99,04% recuerda que la última palabra la tienen las actas revisadas y no el entusiasmo de la noche electoral. Para el ciudadano común, esto importa porque la legitimidad del próximo gobierno empieza exactamente aquí: en que nadie pueda decir, con fundamento, que el conteo quedó a medias o que la autoridad electoral dejó cabos sueltos.

Más allá del nombre del ganador, lo que está en juego es la confianza pública en el proceso. Si el escrutinio confirma la tendencia del preconteo, la transición podrá avanzar con mayor rapidez y menor ruido. Si aparecen ajustes significativos, aunque no cambien el ganador, la oposición y los observadores tendrán insumos para discutir la consistencia del sistema. En cualquier escenario, la elección no termina cuando se anuncian cifras preliminares; termina cuando el país acepta que los votos fueron contados con rigor y que la decisión de las urnas quedó cerrada sin ambigüedades.

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