Colombia

ELN muestra prueba de vida de dos funcionarios del CTI secuestrados y revive el debate sobre la paz

Hace 2 horas

Dos funcionarios del CTI secuestrados por el ELN reaparecieron en un video difundido por sus captores, en el que describen su cautiverio y piden al abogado Abelardo de la Espriella intervenir para buscar una salida de paz. La prueba de vida confirma que siguen con vida, pero también evidencia la vigencia del secuestro como herramienta de presión de la guerrilla.

La aparición en video de Jesús Antonio Pacheco y Rodrigo Antonio López, funcionarios del CTI secuestrados por el ELN desde 2025, volvió a poner sobre la mesa una de las caras más crudas del conflicto armado en Colombia: el cautiverio prolongado como mecanismo de presión política y militar. En la grabación, difundida por la guerrilla, ambos hombres entregan señales de supervivencia y hablan de las condiciones en que han permanecido retenidos, un gesto que para sus familias representa alivio parcial, pero también una confirmación dolorosa de que el secuestro sigue siendo una realidad vigente en medio de los diálogos y anuncios de paz que tantas veces no aterrizan en la vida diaria de las víctimas.

Según informó Infobae Colombia, en el video los dos funcionarios hacen un llamado directo al abogado Abelardo de la Espriella para que “busque la manera de encontrar la paz”, una frase que deja ver tanto la presión psicológica a la que están sometidos como la intención del ELN de instrumentalizar sus voces dentro de un mensaje político. La aparición de pruebas de vida, además de confirmar que siguen con vida, sugiere que el grupo armado mantiene intacta una práctica que durante décadas ha servido para financiarse, negociar y enviar advertencias al Estado, aun cuando públicamente insiste en discursos de transformación y mesas de conversación.

El caso de Pacheco y López no es un episodio aislado, sino una radiografía de un problema estructural que Colombia no ha logrado cerrar: la persistencia del secuestro como arma de guerra. Cada nueva prueba de vida revuelve una herida social que el país conoce de sobra, porque detrás de cada video hay familias suspendidas entre la esperanza y la angustia, instituciones desafiadas y una sociedad que sigue preguntándose por qué, pese a los avances en desmovilización y negociación, la violencia política conserva resortes tan antiguos como eficaces. En la práctica, estas apariciones suelen convertirse en la única evidencia tangible de que las víctimas siguen vivas, pero también en una ventana al tipo de control que ejercen los grupos armados sobre quienes retienen.

Lo que revela este episodio es más amplio que el drama individual de dos servidores públicos: habla de un país donde la paz todavía convive con secuestros, extorsión y confinamiento forzado. Para el Gobierno, casos como este son una prueba de que cualquier negociación con el ELN sigue atravesada por una profunda contradicción entre la mesa y el monte. Para la ciudadanía, especialmente en regiones golpeadas por la presencia armada, el mensaje es menos abstracto: mientras no se desmonte de verdad la economía y la lógica del secuestro, la paz seguirá siendo una promesa frágil, repetida en discursos pero ausente en los territorios.

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