Timochenko se mueve: respalda a Cepeda y marca distancia del gobierno Petro
Imagen: El Tiempo - Política
Rodrigo Londoño, el último jefe visible de las Farc, entró de lleno en la discusión presidencial y anunció su respaldo a Iván Cepeda para la segunda vuelta. Su pronunciamiento no solo mueve fichas en la izquierda, también deja ver una grieta política con el gobierno Petro.
Rodrigo Londoño, conocido como ‘Timochenko’ y hoy jefe político del partido surgido del acuerdo de paz, decidió intervenir en la pulseada presidencial y anunció su respaldo a Iván Cepeda para una segunda vuelta que ya empezó a leerse como una disputa por la conducción de la izquierda. El mensaje no es menor: quien fuera el máximo comandante de las Farc salió a cerrar filas con el senador, al tiempo que lanzó una crítica dura al gobierno de Gustavo Petro, al que le reprocha haber abierto fisuras y dudas en un momento en que su sector necesita mostrar cohesión.
De acuerdo con lo divulgado por El Tiempo - Política, Londoño sostuvo que no hay espacio para “dudar o hacer dudar” en esta coyuntura, una frase que en la práctica funciona como un llamado a alinear apoyos en torno a Cepeda y, al mismo tiempo, como una señal de desencanto con la administración Petro. El pronunciamiento adquiere peso político porque no proviene de un actor periférico, sino de una figura que sigue teniendo influencia simbólica dentro de la colectividad nacida tras la dejación de armas. En el mapa interno de la izquierda, donde conviven rupturas, lealtades personales y diferencias estratégicas, este tipo de definiciones suele leerse como una orden de cuartel más que como una opinión aislada.
El respaldo también revela una discusión de fondo: qué tan unificada está realmente la coalición que en su momento llevó a Petro al poder y qué tanto de ese capital político puede transferirse a otros nombres del mismo campo ideológico. Iván Cepeda, con trayectoria en derechos humanos y una relación orgánica con los sectores más duros del progresismo, aparece como una figura capaz de recoger respaldo entre quienes creen que el petrismo se desdibujó en el gobierno o perdió claridad en su agenda de cambio. Para Londoño, además, el movimiento tiene una lectura táctica: defender una candidatura de izquierda con legitimidad histórica, pero sin cargar con el desgaste del Ejecutivo actual, que ha enfrentado críticas por ejecución, disciplina interna y resultados concretos.
Lo que está en juego va más allá de una adhesión puntual. Cuando una figura como Londoño toma partido, envía un mensaje a la militancia, a los cuadros territoriales y a los votantes que todavía asocian a la antigua guerrilla con una porción del electorado progresista. Esa movida puede ayudar a ordenar el tablero, pero también expone una verdad incómoda para el gobierno: el liderazgo de Petro ya no consigue disciplinar todo su espectro político. Y en un país donde las segundas vueltas suelen resolverse por la capacidad de sumar, no por la fuerza del discurso, cada gesto de respaldo o ruptura termina pesando como una señal sobre quién conserva la iniciativa y quién empieza a perderla.
