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Rusia convierte un misil de entrenamiento en arma clave de su ofensiva contra Ucrania

Hace 4 horas

Rusia está usando un misil de entrenamiento convertido en arma real para sostener su ofensiva contra Ucrania, mientras disminuye el empleo de sus costosos Iskander. Los registros oficiales sugieren que el RM48U ya supera la mitad de los lanzamientos balísticos de julio e inicios de agosto.

Rusia ha encontrado una salida de bajo costo para mantener la presión militar sobre Ucrania: adaptar un misil de entrenamiento y convertirlo en pieza central de su ofensiva balística. Los registros oficiales revisados por Reuters muestran que, entre julio y los primeros días de agosto, esos proyectiles representaron más de la mitad de los 228 lanzamientos analizados, una señal clara de que Moscú está diversificando —y abaratando— su arsenal en un momento de desgaste sostenido en el frente. La apuesta no es menor: mientras el Kremlin reduce su dependencia de sistemas más sofisticados, gana volumen de fuego y conserva capacidad para golpear ciudades, infraestructura y posiciones ucranianas con una cadencia difícil de sostener solo con misiles de mayor valor estratégico.

El protagonista de esta transformación es el RM48U, una versión adaptada de un misil diseñado originalmente para entrenamiento. Según la información revisada por Reuters y retomada por infobae mundo, el proyecto pasó de servir como herramienta de instrucción a convertirse en un elemento operativo dentro de la campaña rusa. Su relevancia está en la ecuación militar y económica: se trata de un sistema que permite aumentar el número de disparos sin consumir en la misma proporción los misiles Iskander, que son más avanzados, más costosos y más sensibles desde el punto de vista de la logística bélica. La tendencia observada en julio y a inicios de agosto sugiere que el ejército ruso está reservando sus recursos de mayor valor para blancos selectivos, mientras llena el resto del tablero con armamento reconvertido para sostener el ritmo de ataques.

Ese giro dice mucho más que un simple cambio de inventario. Habla de una guerra de desgaste en la que la industria militar, la capacidad de reposición y la creatividad técnica pesan casi tanto como la precisión de los sistemas de armas. Si Rusia recurre con más frecuencia a un misil adaptado, es porque busca mantener la presión sin vaciar su reserva de misiles de élite, pero también porque necesita exhibir continuidad operativa ante una campaña prolongada. Para Ucrania, esto significa enfrentar una amenaza menos homogénea, pero no por eso menos peligrosa: un volumen mayor de lanzamientos complica la defensa antiaérea, obliga a distribuir interceptores y eleva el riesgo para ciudades y nodos energéticos. Para Europa y Estados Unidos, el dato confirma que la guerra entra cada vez más en una lógica de producción, adaptación y resistencia, donde la capacidad de sostener el fuego termina siendo tan importante como la tecnología con la que se dispara.

En términos estratégicos, el ascenso del RM48U también muestra una realidad incómoda: en conflictos largos, los ejércitos no solo pelean con lo que tienen, sino con lo que logran reinventar. Y en ese terreno, Rusia parece haber encontrado un instrumento para prolongar su ofensiva sin depender exclusivamente de sus sistemas más caros. La pregunta ahora no es solo cuántos misiles puede lanzar Moscú, sino cuánto tiempo puede convertir soluciones improvisadas en una ventaja militar sostenida.

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