Rusia encarcela al líder de Yábloko y asfixia al último partido antiguerra

Imagen: infobae mundo
Rusia volvió a apretar el cerco contra la oposición pacifista con una condena de 11 años de cárcel contra Lev Shlosberg, figura clave del partido Yábloko. El fallo llega justo después de que esa fuerza quedara fuera de las elecciones legislativas de septiembre y de una protesta en Moscú que terminó con 60 detenidos.
La justicia rusa condenó a 11 años de prisión a Lev Shlosberg, vicepresidente de Yábloko, el único partido con discurso antiguerra que todavía operaba legalmente en el país. La decisión golpea de lleno al último espacio político que había sobrevivido, con enormes restricciones, al endurecimiento del Kremlin desde el inicio de la invasión a Ucrania y deja a la oposición pacifista en una posición todavía más precaria.
Según informó Infobae Mundo, la sentencia se conoció pocos días después de que Yábloko fuera excluido de las elecciones legislativas de septiembre, una movida que ya había encendido las alarmas sobre el cierre total del tablero político ruso. En paralelo, una protesta vinculada a ese episodio terminó con 60 personas detenidas en Moscú, una señal más de que las autoridades no solo castigan a los dirigentes, sino que también buscan desactivar cualquier gesto de disidencia en la calle.
El caso de Shlosberg no es un hecho aislado: encaja en una estrategia más amplia del poder ruso para vaciar de contenido la competencia electoral y eliminar a quienes cuestionan la guerra, incluso desde posiciones moderadas. Yábloko había quedado como una rareza dentro de un sistema donde la crítica al conflicto en Ucrania ha sido perseguida, criminalizada o empujada al exilio. Su exclusión de la contienda parlamentaria y la condena a uno de sus máximos referentes confirman que el margen para la oposición interna se está reduciendo a mínimos históricos. Para la ciudadanía rusa, el mensaje es claro: disentir del relato oficial puede costar la libertad, el espacio político o ambas cosas al mismo tiempo.
Más allá del castigo individual, la sentencia tiene una lectura política de fondo. Rusia no solo está castigando a un dirigente; está enviando una advertencia a cualquier actor que intente mantener vivo un discurso alternativo sobre la guerra, el poder y el futuro del país. En una nación donde las elecciones ya funcionan con severas limitaciones, la desaparición efectiva del único partido antiguerra legalmente activo empuja aún más el sistema hacia una lógica de unanimidad forzada, con consecuencias que trascienden Moscú y alcanzan a toda la arquitectura política rusa.




