Colombia

Empresarios alertan que el alza del salario mínimo en 2026 podría golpear precios y empleo

Hace 1 día

Empresarios colombianos cuestionan el aumento del salario mínimo para 2026 y advierten que, sin mayor productividad, el golpe terminará reflejándose en los precios. La advertencia llega cuando el costo laboral vuelve a tensar el debate sobre empleo e inflación.

El aumento del salario mínimo para 2026 volvió a encender la alarma entre empresarios colombianos, que advierten que la decisión podría traducirse en más presión sobre los precios finales, menos margen para contratar y una carga adicional sobre compañías que ya operan con costos altos. Audrey Rodríguez, CEO de Lexacty SAS, dijo que el problema de fondo es que muchas firmas no están elevando su productividad al mismo ritmo que suben sus obligaciones laborales, por lo que terminan trasladando parte de ese golpe al consumidor para evitar pérdidas mayores.

La discusión no es menor. En un país donde una parte significativa de los trabajadores depende directa o indirectamente del salario mínimo, cualquier ajuste tiene efectos en cadena sobre el consumo, el comercio, los servicios y la informalidad. De acuerdo con lo que ha venido planteándose desde el sector empresarial, el aumento de los costos laborales no solo impacta la nómina: también encarece aportes, prestaciones y demás obligaciones asociadas al empleo formal. En ese escenario, muchas compañías —especialmente pequeñas y medianas— quedan atrapadas entre absorber el incremento o subir precios en una economía que ya siente el peso de la inflación acumulada y del menor poder de compra de los hogares.

Lo que está en juego va más allá de una disputa técnica sobre porcentajes. El debate sobre el salario mínimo en Colombia siempre termina revelando una tensión estructural: proteger el ingreso de los trabajadores sin empujar a las empresas a recortar empleo o a la economía informal. Si el alza no viene acompañada de una estrategia más amplia de productividad, alivios para las pymes y mayor dinamismo económico, el riesgo es que el beneficio nominal para millones de trabajadores se diluya en el mercado con productos más caros y oportunidades laborales más estrechas. Por eso la advertencia de empresarios como Rodríguez no debe leerse solo como una queja sectorial, sino como una señal de alerta sobre el modelo de ajuste salarial que sigue resolviéndose, año tras año, sin corregir sus desequilibrios de fondo.

En la práctica, el dilema es el de siempre: un salario mínimo más alto puede aliviar el ingreso de las familias en el corto plazo, pero si el aparato productivo no crece al mismo ritmo, la cuenta termina pagándola el consumidor y, en algunos casos, el propio trabajador cuando la formalidad pierde espacio frente a la informalidad. Esa es la conversación que el país sigue posponiendo.

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