Colombia

San Andrés acumula crisis política y judicial tras 17 gobernadores en 26 años

Hace 1 hora

San Andrés arrastra una crisis política que ha impedido darle continuidad al gobierno local: en 26 años han pasado 17 gobernadores. La Fiscalía tiene 36 procesos contra exmandatarios y cinco de ellos ya están en juicio, un reflejo de la fragilidad institucional de la isla.

San Andrés, uno de los destinos turísticos más emblemáticos de Colombia, vive una paradoja difícil de ignorar: mientras vende al país y al mundo su imagen de paraíso caribeño, por dentro arrastra una inestabilidad política que ha debilitado su capacidad de gobierno durante décadas. En 26 años han pasado 17 gobernadores por la isla, una cifra que evidencia la falta de continuidad administrativa en un territorio que necesita precisamente lo contrario: decisiones estables, control institucional y planificación de largo plazo.

El deterioro no se explica solo por la rotación en el poder. Según informó El Tiempo - Política, la Fiscalía adelanta 36 procesos contra exmandatarios de la isla y cinco de esos casos ya llegaron a juicio. Ese volumen de expedientes revela que el problema no es anecdótico ni aislado, sino una trama persistente de señalamientos por presunta corrupción que ha terminado golpeando la gobernabilidad local y erosionando la confianza ciudadana.

Lo que ocurre en San Andrés importa más allá de sus límites geográficos. La isla depende del turismo, de la protección de sus recursos y de una administración capaz de responder a presiones enormes sobre el territorio, la vivienda, el ambiente y los servicios públicos. Cuando el poder se fragmenta y los mandatarios se suceden a ritmo de crisis, cualquier plan de desarrollo se vuelve frágil, y el margen para que aparezcan redes ilegales o intereses oscuros crece. En ese contexto, la combinación de corrupción y narcotráfico deja de ser un rumor de pasillo y se convierte en una amenaza directa para la economía local y para la seguridad de quienes viven allí.

La historia de San Andrés es también la de un Estado que ha tenido dificultades para ejercer control real sobre una isla estratégica. El problema no es solo quién gobierna, sino bajo qué condiciones gobierna y con qué respaldo institucional cuenta. Si no se corrige esa inestabilidad, el llamado edén turístico seguirá expuesto a la misma contradicción de siempre: un lugar que produce riqueza para el turismo, pero que no logra blindarse frente a las redes que terminan capturando su administración.

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