Colombia activa la ley ‘Ni un ciclista más’ tras miles de muertes en las vías
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Colombia estrenó la ley ‘Ni un ciclista más’, una respuesta tardía pero clave a una tragedia vial que ya dejó 6.663 pedalistas muertos entre 2009 y 2025. La norma entra en vigor tras más de dos años de trámite y busca frenar una violencia en carretera que sigue cobrándose vidas.
Colombia puso en marcha la ley ‘Ni un ciclista más’, una norma que llega después de más de dos años de trámite legislativo y en medio de una realidad que sigue siendo brutal: solo en 2025, 365 ciclistas murieron tras ser atropellados en las vías del país, según informó El Tiempo (Colombia). La sanción presidencial activa ahora la aplicación de una medida que pretende responder a una de las caras más dolorosas de la inseguridad vial: la vulnerabilidad extrema de quienes se mueven en bicicleta por carreteras y calles donde, muchas veces, la diferencia entre volver a casa o no depende de la conducta de conductores, infraestructura y controles que han sido insuficientes durante años.
La cifra acumulada también habla por sí sola. Entre 2009 y 2025 murieron 6.663 ciclistas en Colombia, de acuerdo con los datos divulgados por El Tiempo (Colombia), una estadística que exhibe un patrón persistente de riesgo y no un episodio aislado. La aprobación de esta ley, impulsada bajo el nombre simbólico de ‘Ni un ciclista más’, busca convertir en política pública una exigencia que colectivos de movilidad segura y familiares de víctimas vienen repitiendo desde hace años: que el Estado reconozca que pedalear en Colombia no puede seguir siendo un acto de exposición permanente al peligro. Aunque todavía falta ver cómo se traduce su contenido en controles reales, educación vial, mejoras de infraestructura y sanciones efectivas, el mensaje político es claro: el problema dejó de ser invisible.
El contexto importa porque Colombia sigue teniendo una deuda estructural con la seguridad vial. Las muertes de ciclistas no solo reflejan imprudencias al volante; también evidencian carreteras sin condiciones seguras, urbanismo pensado casi exclusivamente para vehículos motorizados y una cultura de respeto todavía débil hacia el ciclista. En términos prácticos, esta ley puede marcar un punto de inflexión si logra aterrizarse en acciones concretas: más protección en corredores de alta accidentalidad, mejor señalización, campañas permanentes y una vigilancia que no dependa de la indignación momentánea tras cada tragedia. Sin eso, el riesgo es que la norma se quede en un gesto simbólico más, mientras las familias siguen sumando nombres a una lista que ya es demasiado larga.
Lo que está en juego no es menor. En un país donde la bicicleta se usa para trabajar, estudiar o simplemente ahorrar dinero en transporte, proteger al ciclista también significa proteger a miles de ciudadanos que no tienen otra opción de movilidad. La sanción de esta ley llega tarde para los 6.663 muertos que deja el periodo 2009-2025, pero puede ser el inicio de una corrección que Colombia arrastra desde hace demasiado tiempo: entender que la vía pública no puede seguir funcionando como un escenario de selección del más vulnerable.



