Peña desafía a China y reafirma el apoyo de Paraguay a Taiwán

Imagen: infobae
Santiago Peña endureció su postura internacional al afirmar que Paraguay no es neutral en el conflicto del Indo-Pacífico y que respalda a Taiwán frente a China. El presidente también defendió su reciente viaje a Venezuela como un gesto para facilitar la reintegración del país caribeño a la democracia y al sistema regional.
Paraguay volvió a marcar distancia de China y lo hizo sin matices. El presidente Santiago Peña dejó claro que Asunción no pretende jugar a la neutralidad en el conflicto del Indo-Pacífico: su gobierno, dijo en esencia, está del lado de Taiwán. La definición no es menor en un momento en que varios países de América Latina calibran sus relaciones con Pekín por razones comerciales, diplomáticas y estratégicas, mientras la disputa por el reconocimiento internacional de la isla sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la geopolítica global.
Según informó infobae, Peña sostuvo además que su administración quiere mantener una línea coherente con la histórica relación paraguaya con Taiwán, uno de los pocos aliados diplomáticos que le quedan a la isla en la región. En paralelo, el mandatario habló de su visita a Venezuela y la presentó como un esfuerzo para colaborar con la reintegración del país caribeño al escenario internacional y con su retorno a la democracia. Ese doble mensaje, apoyo a Taiwán y apertura al diálogo con Caracas, refleja una política exterior que busca afirmarse sin renunciar a cierto pragmatismo regional.
La apuesta tiene implicaciones que van más allá del lenguaje diplomático. Paraguay es el único país de Sudamérica que mantiene relaciones formales con Taiwán, una condición que le otorga visibilidad, pero también lo expone a presiones externas en un tablero donde China reparte inversiones, financiamiento e influencia. Mantener esa posición puede consolidar la imagen de coherencia de Asunción ante socios occidentales, pero también limitar oportunidades comerciales con la segunda economía del mundo. En cuanto a Venezuela, el gesto de Peña apunta a una normalización gradual del relacionamiento regional con un gobierno aislado durante años, aunque sin abandonar el discurso sobre la necesidad de una salida democrática. En otras palabras: Paraguay intenta estar en dos conversaciones al mismo tiempo, una sobre el pulso global entre Washington y Pekín, y otra sobre la reconstrucción política de América Latina.
Lo que está en juego es más que una frase presidencial. En la práctica, la postura de Peña confirma que Paraguay seguirá apostando por una alianza ideológica y diplomática con Taiwán, aun cuando el costo económico potencial sea discutible en el mediano plazo. Al mismo tiempo, su guiño hacia Venezuela muestra que la política exterior paraguaya busca no quedar atrapada en el aislamiento ni en la rigidez del pasado. Para la región, el mensaje es claro: Asunción quiere ser un actor con voz propia, pero tendrá que demostrar si esa autonomía se traduce en beneficios reales para su economía y en mayor peso político en América Latina.


