Trifulca en Chiapas exhibe la pelea interna de Somos por el control de su dirigencia

Imagen: infobae
El arranque del proceso electoral 2026-2027 ya exhibió las fracturas del partido Somos en Chiapas, donde una asamblea terminó en golpes y acusaciones por el control de la dirigencia estatal. El episodio revela que la disputa por candidaturas y poder interno comenzó mucho antes de la campaña.
El partido Somos en Chiapas convirtió una asamblea interna en un escaparate de su crisis: el arranque del Proceso Electoral 2026-2027 estuvo marcado por una trifulca entre militantes y dirigentes que se disputan el control de la dirigencia estatal. Lo que debió ser un ejercicio de organización política terminó mostrando, con crudeza, que las tensiones internas ya rebasaron el terreno de las diferencias ideológicas y entraron en la lógica de la confrontación abierta.
De acuerdo con lo informado por Infobae, el conflicto estalló en medio de desacuerdos por la conducción del partido en el estado, un puesto clave de cara al nuevo ciclo electoral. La disputa no es menor: quien controle la estructura estatal tendrá ventaja para definir candidaturas, negociar alianzas y administrar la maquinaria territorial en una entidad donde cada punto de apoyo cuenta. El hecho de que la discusión haya derivado en un escándalo público habla de un problema más profundo que una simple diferencia de nombres o procedimientos; expone una lucha por el poder que, por ahora, no encuentra cauces institucionales claros.
El episodio importa porque Chiapas entra en una etapa de reacomodos políticos en la que los partidos buscan llegar con estructuras sólidas, disciplina interna y capacidad de movilización. Pero cuando una organización arranca el proceso electoral con pleitos visibles, manda una señal de fragilidad hacia adentro y hacia afuera. Para la ciudadanía, esto no es un asunto menor ni una anécdota de pasillo: partidos divididos suelen traducirse en campañas improvisadas, liderazgos débiles y una representación pública más preocupada por la disputa interna que por los problemas reales del estado. En un escenario donde la inseguridad, la pobreza y la desconfianza en la política siguen pesando, cualquier fuerza que llegue fracturada tendrá más dificultades para convencer al electorado.
La trifulca en Somos también deja una lectura más amplia sobre la política local en México: los procesos electorales ya no comienzan con propuestas, sino con batallas por el control de las siglas. Y cuando el poder interno se disputa con este nivel de confrontación, el riesgo es que el partido termine consumido por su propia pelea antes de que arranque formalmente la contienda. En Chiapas, al menos por ahora, la dirigencia estatal parece valer más que la narrativa que el partido intenta construir hacia 2026-2027.




