La prisa también enferma: un estudio la vincula con ansiedad, depresión y malas notas

Imagen: infobae mundo
Sentirse con prisa no solo agota: también se relaciona con más ansiedad, depresión y peores notas en universitarios. Un estudio con 646 alumnos sugiere que la presión del tiempo pesa tanto o más que la falta real de horas.
La sensación de vivir corriendo puede estar pasando factura más allá del cansancio cotidiano: un estudio citado por infobae mundo halló que sentirse apurado se asocia con más ansiedad, depresión y un peor rendimiento académico entre universitarios. La investigación, basada en encuestas, registros escolares y evaluaciones de salud de 646 estudiantes, plantea una distinción clave que suele perderse en el debate sobre salud mental: no es solo cuántas horas tiene una persona, sino cómo experimenta el tiempo que le falta.
El trabajo separó dos ideas que en la vida diaria suelen confundirse. Por un lado, la escasez objetiva de tiempo, es decir, la cantidad real de horas disponibles para estudiar, trabajar, dormir o resolver obligaciones. Por el otro, la sensación subjetiva de urgencia, esa percepción de que todo debe hacerse ya y que nunca alcanza el reloj. De acuerdo con la información difundida por infobae mundo, esta segunda variable apareció especialmente vinculada con peores notas, lo que sugiere que la presión mental de ir siempre atrasado no solo altera el bienestar emocional, sino también la capacidad de concentración, organización y desempeño académico.
El hallazgo importa porque pone sobre la mesa un problema cada vez más extendido en la educación superior y, en general, en las ciudades contemporáneas: la normalización de la prisa como estilo de vida. En universidades donde los estudiantes combinan clases, empleo, transporte largo, responsabilidades familiares y presión económica, la carga no siempre se mide en horas reales, sino en la percepción de estar permanentemente desbordados. Esa sensación, según el estudio, puede ser un factor de riesgo para la salud mental y un obstáculo directo para aprender. Dicho de otra manera: no basta con decirle a un joven que “administre mejor su tiempo” si vive en un entorno donde el tiempo se le escapa por múltiples frentes al mismo tiempo.
La lectura de fondo es incómoda pero necesaria. Si la urgencia subjetiva se relaciona con depresión, ansiedad y bajo rendimiento, entonces las universidades y los sistemas de salud mental no deberían limitarse a atender el estrés cuando ya explotó. Haría falta intervenir antes, revisando cargas académicas, horarios, apoyos financieros y acompañamiento psicológico. Para muchos estudiantes, la prisa no es un síntoma menor ni una molestia pasajera: es parte de una estructura de vida que termina afectando cómo estudian, cómo duermen y cómo se sienten consigo mismos.


