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Sepetiba se convierte en símbolo de la politización brasileña antes del balotaje

Hace 6 horas

Sepetiba, un balneario de 35 mil habitantes a 60 kilómetros de Río, se convirtió en escenario de una inusual movilización pro-Lula antes del balotaje. Cientos de vecinos marcharon con banderas y cerraron la jornada frente a la iglesia de San Pedro.

Sepetiba, un balneario de apenas 35 mil habitantes a unos 60 kilómetros de Río de Janeiro, terminó por entrar en el mapa de la politización brasileña con una escena poco habitual: cientos de vecinos salieron a las calles con banderas de Luiz Inácio Lula da Silva en la antesala del balotaje. La movilización convirtió a este rincón costero, más asociado al turismo y la vida de playa, en un termómetro del clima electoral que atravesó Brasil en esos días.

Según informó Clarín Colombia, la marcha comenzó en la playa de Doña Luiza y avanzó durante más de una hora hasta concluir en la iglesia de San Pedro. El recorrido reunió a simpatizantes que decidieron hacer visible su respaldo al líder del Partido de los Trabajadores en un lugar donde la política nacional no suele dominar la conversación cotidiana. La imagen de banderas de Lula ondeando en un balneario popular resume una campaña que se jugó tanto en las grandes ciudades como en espacios periféricos donde cada gesto adquirió valor simbólico.

Lo que ocurrió en Sepetiba importa porque muestra hasta qué punto la disputa entre Lula y Jair Bolsonaro desbordó los centros de poder tradicionales y penetró territorios donde la política solía ser secundaria frente a la economía local, la playa o la rutina barrial. En un país marcado por polarización, cada acto de calle funcionó como demostración de fuerza y como mensaje al electorado indeciso: no solo se trataba de ganar votos, sino de medir capacidad de movilización territorial. Para Brasil, y especialmente para las comunidades que viven lejos del centro político y mediático, estas expresiones hablan de una democracia cada vez más atravesada por identidades intensas y lealtades visibles.

Sepetiba quedó así como una postal de esa inédita politización brasileña: un lugar pequeño, periférico y aparentemente ajeno al pulso nacional terminó convertido en escenario de campaña. Y en un país donde las elecciones suelen definirse por márgenes estrechos y por la capacidad de movilizar emociones, ese tipo de escenas no son folclore electoral, sino parte del resultado final.

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