Colombia

Sequía en Tolima baja ríos y amenaza la producción de hoja para tamal

Hace 1 hora

La sequía en Tolima ya no solo seca ríos: también está encareciendo y debilitando la producción de hoja de cachaco, un insumo clave para el tamal. Cortolima advierte caudales en descenso y cultivos afectados por incendios en plena temporada crítica.

La sequía que golpea al Tolima está dejando una señal clara de alerta en el campo: los caudales de ríos estratégicos como el Gualí, el Saldaña y el Magdalena vienen en descenso, mientras los incendios forestales y las altas temperaturas ya están afectando los cultivos de hoja de cachaco, materia prima esencial para la elaboración de tamales en la región. El problema no es menor. En un departamento donde la actividad agroalimentaria depende en buena medida de las condiciones climáticas y del agua disponible, la combinación de menos lluvia, más calor y mayor riesgo de incendios está comprometiendo una cadena productiva que mueve economía local y sustento campesino.

De acuerdo con lo reportado por Cortolima, la reducción en los niveles de estos afluentes confirma un escenario de estrés hídrico que no solo impacta el abastecimiento y los ecosistemas, sino también la productividad agrícola. La afectación sobre la hoja de cachaco tiene un peso particular porque este cultivo no es marginal ni ornamental: es un insumo tradicional del tamal tolimense, uno de los productos más representativos de la gastronomía regional y una actividad que sostiene a pequeños productores, comercializadores y familias enteras que dependen de esa cadena. Cuando escasea la hoja o se deteriora la cosecha, el efecto se traslada al precio final, a la disponibilidad del producto y a los ingresos de quienes viven de su venta.

Lo que ocurre en Tolima refleja un problema más amplio que se repite en varias zonas de Colombia cada vez que los periodos secos se intensifican: el clima extremo deja de ser una discusión ambiental para convertirse en un asunto de economía cotidiana. Menos agua en los ríos implica presión sobre el riego, sobre la producción pecuaria y sobre la seguridad alimentaria; más incendios, además, arrasan cobertura vegetal y agravan la pérdida de suelos. En el caso del cachaco, el impacto es doble, porque no solo se reduce la oferta agrícola, sino que también se afecta un símbolo de identidad cultural y una tradición que forma parte de la economía popular del departamento.

La advertencia de Cortolima llega en un momento en el que las autoridades ambientales y territoriales enfrentan el desafío de anticiparse a un fenómeno que, aunque estacional, cada vez deja daños más profundos. Si las lluvias no se recuperan pronto, el Tolima podría ver una presión mayor sobre sus sistemas hídricos y un golpe más visible sobre productos de consumo masivo como la hoja de cachaco. En otras palabras, la sequía ya no solo se mide en metros cúbicos de agua perdidos: también se siente en la mesa, en el precio del tamal y en la fragilidad de una economía rural que depende demasiado del clima.

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