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Serbia despide con honores a Mladic y reabre la herida de Srebrenica

Hace 50 minutos

Belgrado despide con honores al exgeneral Ratko Mladic, condenado por genocidio y crímenes de guerra, en medio de una ola de indignación internacional. El funeral reabre la disputa balcánica entre memoria, negacionismo y la normalización de los responsables de la masacre de Srebrenica.

Belgrado convirtió este lunes el entierro de Ratko Mladic en un acto cargado de simbolismo político y de una profunda provocación para las víctimas de la guerra de Bosnia. El exgeneral serbobosnio, condenado a cadena perpetua por genocidio y crímenes de lesa humanidad, fue despedido en una iglesia de la capital serbia antes de su sepultura en el cementerio de Topcider, en una ceremonia que, lejos de cerrar una página dolorosa, volvió a exponer la incapacidad de Serbia para romper del todo con los relatos de exaltación nacionalista que siguen rodeando a figuras responsables de algunos de los crímenes más graves cometidos en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Según informó EFE a través de Infobae, el féretro fue colocado en la Iglesia Ortodoxa de San Lucas con guardia de honor militar y con la presencia de miles de simpatizantes que acudieron a despedirlo. El funeral fue encabezado por el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Serbia, Porfirije, junto con decenas de sacerdotes, mientras televisiones y portales locales transmitían la ceremonia en directo. Mladic murió el 27 de agosto en un hospital penitenciario neerlandés, a los 83 años, después de haber pasado 16 años prófugo desde su fuga en Serbia en 1995. Fue arrestado en 2011 y condenado en 2017 por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia por el asedio de Sarajevo y, sobre todo, por el genocidio de Srebrenica, donde más de 8.000 hombres y niños musulmanes fueron asesinados en julio de 1995.

Lo que ha indignado a la comunidad internacional no es solo el funeral, sino el modo en que el acto se ha convertido en una plataforma pública de reivindicación. La OSCE en Bosnia-Herzegovina advirtió que los medios no deben amplificar la glorificación de criminales de guerra y pidió revisar posibles violaciones legales por la cobertura. En paralelo, la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, canceló una visita oficial a Belgrado ante lo que calificó como actos de glorificación del exgeneral. Incluso en el fútbol, uno de los escenarios donde los nacionalismos balcánicos suelen desbordarse, el derbi entre Estrella Roja y Partizan incluyó un minuto de silencio y una enorme imagen de Mladic con una frase que lo vincula directamente con Potocari, el lugar asociado a la masacre de Srebrenica. Ese detalle revela algo más profundo: en Serbia y en la República Srpska aún hay sectores que no ven a Mladic como un criminal condenado, sino como un héroe de guerra, una lectura que choca frontalmente con la justicia internacional y con la memoria de las víctimas.

La ausencia del presidente Aleksandar Vucic en la ceremonia, adelantada por medios oficialistas, intenta evitar un costo diplomático evidente, pero no borra la lectura política del episodio. Para la región, el funeral no es un asunto privado ni una despedida familiar: es una prueba más de que la guerra de Bosnia sigue viva en el terreno de la memoria, la propaganda y la política identitaria. Y para Europa, el mensaje también es incómodo: mientras Serbia aspira a acercarse a la Unión Europea, continúa tolerando —y en ocasiones alentando— homenajes a quienes fueron condenados por atrocidades masivas. Esa tensión entre integración y negacionismo es hoy uno de los grandes obstáculos para cerrar, de verdad, una de las heridas más hondas de los Balcanes.

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