Política

Abelardo De La Espriella: un gobierno de símbolos, redes y control del relato

Hace 2 horas

En sus primeros 50 días, Abelardo De La Espriella ha construido un estilo de gobierno apoyado en símbolos, mensajes religiosos y una comunicación estrictamente centralizada. Su apuesta, lejos de ser decorativa, ya marca la relación entre el poder y la ciudadanía.

En apenas 50 días de mandato, Abelardo De La Espriella ha dejado claro que su gobierno no solo se mide por decisiones administrativas, sino por la forma en que comunica el poder. El presidente ha convertido símbolos, gestos y una estética política muy marcada en parte central de su relación con la ciudadanía. La frase “Viva Cristo Rey”, junto con elementos como el radio y la pistola, han aparecido como recursos con los que intenta proyectar cercanía, autoridad y una identidad política reconocible. En la práctica, el mensaje es inequívoco: su gobierno quiere ser leído tanto por lo que hace como por lo que representa.

De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo - Política, el manejo de las comunicaciones se ha concentrado fuertemente alrededor de la Casa de Nariño, con una estructura que deja poco espacio para voces intermedias o lecturas autónomas. Esa centralización no es un detalle menor. En tiempos de sobreinformación y redes sociales, controlar el relato se ha vuelto casi tan importante como tomar decisiones de gobierno. De La Espriella parece haber entendido ese pulso y lo está usando a su favor, con una narrativa que combina identidad religiosa, símbolos de autoridad y una presencia cuidadosamente administrada en los canales digitales.

Lo que está en juego aquí va más allá de una estrategia de imagen. Cuando un presidente gobierna a través de emblemas tan cargados de significado, está trazando una frontera clara entre quienes se sienten representados por ese lenguaje y quienes pueden percibirlo como una señal de exclusión o incluso de confrontación. En Colombia, donde la relación entre religión, orden público y política ha tenido históricamente una carga profunda, este tipo de símbolos no pasan inadvertidos. También revelan una forma de liderazgo que apuesta por la fidelidad emocional antes que por la deliberación institucional. Y eso tiene implicaciones concretas: puede reforzar una base política, pero también agudizar la polarización y reducir el espacio para el disenso.

En el fondo, el estilo de gobernar de De La Espriella en estos primeros 50 días muestra que la comunicación presidencial ya no es un accesorio del poder, sino uno de sus principales vehículos. El desafío será saber si esa narrativa simbólica logra sostenerse cuando el gobierno tenga que responder por resultados reales en seguridad, economía y gestión social. Porque una cosa es movilizar adhesiones con imágenes potentes, y otra muy distinta es convertirlas en gobernabilidad duradera.

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