ONU entra en ronda clave mientras EE.UU. y China cruzan apoyos por el relevo de Guterres
Imagen: infobae estados unidos
El Consejo de Seguridad de la ONU entra en una nueva ronda para escoger al próximo secretario general en medio de un pulso diplomático entre Estados Unidos y China. Trump empuja la candidatura de Rafael Grossi, mientras Pekín deja abierta la puerta a una mujer.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas abrió una tercera ronda de votación para definir quién sucederá a António Guterres, en una elección marcada por la falta de acuerdo entre Estados Unidos y China, las dos potencias con mayor capacidad de bloqueo dentro del sistema multilateral. En la práctica, la contienda se ha estrechado alrededor de tres nombres: la diplomática guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, la costarricense Rebeca Grynspan y el argentino Rafael Grossi, con el respaldo político de Donald Trump como factor adicional en una carrera que ya dejó de ser solo técnica y se volvió abiertamente geopolítica.
De acuerdo con la información divulgada por infobae estados unidos, Grossi ha ganado visibilidad por el apoyo explícito de Trump, un gesto que puede pesar en Washington pero que también complica la negociación global, justo cuando Pekín mantiene una postura más ambigua. Xi Jinping dejó entrever en la cumbre de los BRICS que preferiría una mujer al frente del organismo, una señal que puede leerse como respaldo indirecto a una de las candidatas femeninas y, al mismo tiempo, como una manera de diferenciarse de la línea dura de la Casa Blanca. La combinación de ambos movimientos revela que la elección del próximo secretario general está menos definida por el perfil del candidato y más por el equilibrio de fuerzas entre las grandes capitales.
La tercera ronda no es un trámite: es el momento en que los apoyos empiezan a cristalizar y las vetos implícitos pesan más que los discursos diplomáticos. En la ONU, el secretario general no se elige solo por mérito administrativo; se define en una negociación en la que cada potencia mide cuánto poder está dispuesta a ceder y qué mensaje quiere enviar al resto del mundo. Por eso esta votación importa más allá de Nueva York. En una coyuntura de guerras, tensiones comerciales y fracturas en el orden internacional, el nombre que salga de este proceso marcará la capacidad —o la debilidad— del organismo para mediar en crisis, presionar por paz y sostener una agenda global que hoy luce cada vez más fragmentada.
Lo que ocurra en esta etapa también será una prueba para el sistema multilateral en su conjunto. Si Estados Unidos y China continúan sin converger, el resultado podría terminar reflejando menos un consenso internacional que una concesión táctica entre bloques. Y eso, para la ONU, es una mala señal: el próximo secretario general no solo heredará una institución desgastada, sino también la misión de dirigirla en el momento más polarizado de las últimas décadas.



