EE.UU. pone a Honduras bajo la lupa antidrogas, pero sin hablar de fracaso total

Imagen: infobae
Estados Unidos incluyó a Honduras en su lista antidrogas, pero aclaró que figurar allí no implica automáticamente un fracaso del gobierno en la lucha contra el narcotráfico. La reacción desde Tegucigalpa apunta a una relación incómoda, pero todavía funcional, con Washington.
La inclusión de Honduras en la lista antidrogas de Estados Unidos vuelve a poner bajo la lupa una relación bilateral atravesada por la presión política, la cooperación en seguridad y la fragilidad institucional. Pero el dato más relevante no es solo la aparición del país centroamericano en ese documento, sino la precisión que hizo Washington: estar en esa lista no significa, por sí mismo, que un gobierno esté fallando en sus esfuerzos contra el narcotráfico ni que haya roto su coordinación con la Casa Blanca. En otras palabras, el señalamiento no equivale automáticamente a una condena, aunque sí envía una advertencia clara.
Según informó infobae, el ministro de Seguridad reaccionó a la decisión con un mensaje que busca ubicar a Honduras en una posición intermedia: ni como un socio impecable ni como un Estado colapsado frente a las redes criminales. Esa lectura es importante porque el país arrastra desde hace años el peso de ser un corredor estratégico para la droga que se mueve desde Sudamérica hacia el mercado estadounidense. La ubicación geográfica, la debilidad de sus instituciones y la persistencia de estructuras criminales hacen que cualquier evaluación sobre Honduras tenga un componente inevitable de presión externa y otro de realidad interna.
Lo que está en juego va más allá de una etiqueta diplomática. Para Washington, estos listados funcionan como una herramienta de mensaje político y de evaluación de compromisos. Para Tegucigalpa, en cambio, la inclusión puede impactar la percepción internacional del país, su margen de negociación con Estados Unidos y hasta el debate interno sobre la efectividad de la política de seguridad. También deja una señal para la población: la lucha antidrogas no se mide solo por operativos o discursos, sino por resultados concretos en territorios donde el crimen organizado sigue teniendo capacidad de infiltración, violencia y corrupción.
Por eso importa la aclaración incluida por el documento estadounidense. Si bien evita una lectura punitiva automática, también deja claro que Honduras está bajo observación. Y ese matiz es clave: en la relación con Estados Unidos, el problema no suele ser únicamente aparecer en una lista, sino lo que esa aparición dice sobre la profundidad del control estatal, la cooperación real y la capacidad del país para sostener una política antidrogas que no se quede en el papel. En Centroamérica, donde el narcotráfico suele avanzar más rápido que la respuesta institucional, una advertencia de este tipo nunca es solo simbólica.



