Sudán niega apoyar a rebeldes etíopes y sube la tensión con Etiopía
Sudán negó haber apoyado a grupos armados etíopes para derrocar a Abiy Ahmed y elevó el tono contra Adís Abeba. La disputa ocurre mientras se reactivan los combates en Tigré y crece la tensión regional por la presa GERD y la guerra sudanesa.
El Ejército de Sudán rechazó este lunes las acusaciones de Etiopía sobre un supuesto respaldo de Jartum a la oposición armada etíope, en una nueva señal de deterioro entre dos vecinos ya golpeados por disputas fronterizas, guerra interna y desconfianza mutua. La respuesta sudanesa llegó después de que el jefe del Estado Mayor etíope, Berhanu Jula, sostuviera que Sudán y Egipto estarían detrás de una coalición de grupos armados y políticos que busca desestabilizar al gobierno de Abiy Ahmed.
Las Fuerzas Armadas sudanesas calificaron esas afirmaciones como infundadas y respondieron con su propio contraataque político: aseguraron que existen pruebas del apoyo continuado desde territorio etíope a las Fuerzas de Apoyo Rápido, el grupo paramilitar con el que el ejército sudanés libra una guerra devastadora desde 2023. Según el comunicado sudanés, ese respaldo incluiría entrenamiento, suministros y uso de territorio etíope para operaciones militares, una acusación que, de confirmarse, ampliaría el alcance regional de un conflicto que ya ha desbordado las fronteras de Sudán.
La controversia no ocurre en el vacío. En el norte de Etiopía, los combates se han intensificado en Tigré después de que el Frente Popular de Liberación de Tigré y facciones aliadas anunciaran una “guerra defensiva” contra el gobierno central. A eso se suma la creación de una alianza de siete grupos rebeldes y opositores que pretende derrocar a Abiy Ahmed y establecer un gobierno de transición. En ese contexto, las acusaciones cruzadas entre Jartum y Adís Abeba sirven para alimentar una narrativa de amenazas externas que ambos gobiernos pueden usar para reforzar su posición interna, pero también elevan el riesgo de una escalada diplomática con efectos directos sobre la estabilidad del Cuerno de África.
Más allá del intercambio de declaraciones, el caso revela el tablero frágil en el que se mueven Sudán, Etiopía y Egipto. Los tres países arrastran tensiones por la frontera, por la guerra en Sudán y por la Gran Presa del Renacimiento Etíope, un megaproyecto sobre el Nilo Azul que preocupa a Jartum y El Cairo por su posible impacto en la seguridad hídrica. Por ahora, Egipto no ha respondido públicamente a las acusaciones, pero el choque deja claro que la región sigue atrapada en una cadena de conflictos conectados, donde cualquier señal de respaldo a actores armados puede convertirse en un nuevo frente de confrontación.



