Sumar presiona a Sánchez para que España adhiera al tratado que prohíbe las armas nucleares

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Sumar llevará al Congreso una iniciativa para que España firme el tratado que prohíbe las armas nucleares, un compromiso que Pedro Sánchez prometió en 2018 pero nunca cumplió. El debate reabre la tensión entre el desarme y la doctrina de disuasión de la OTAN en plena guerra de Ucrania.
Sumar volverá a poner sobre la mesa en el Congreso una de las promesas internacionales más delicadas del Gobierno: la adhesión de España al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), un acuerdo que ningún país de la OTAN ha firmado y que Pedro Sánchez comprometió en 2018, cuando negociaba con Pablo Iglesias, pero que sigue sin materializarse. La Comisión de Asuntos Exteriores debatirá y votará la iniciativa el próximo martes, en un movimiento que reabre el pulso entre el discurso de desarme y la lógica militar de la Alianza Atlántica.
La proposición de Sumar, recogida por Europa Press, recuerda que las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki siguen siendo el símbolo más brutal del costo humano de estas armas. También subraya que, pese a los pactos bilaterales entre Estados Unidos y Rusia tras la Guerra Fría, el planeta sigue cargando con más de 13.000 cabezas nucleares. El grupo plurinacional sostiene que en las últimas dos décadas ha habido un retroceso en los compromisos internacionales sobre esta materia y advierte de una nueva carrera armamentística, ahora con menos controles sobre las armas tácticas o no estratégicas, las más difíciles de rastrear y las más peligrosas en un escenario de escalada regional.
El contexto que empuja esta iniciativa es especialmente sensible. La guerra de Ucrania ha devuelto a Europa a una conversación que muchos creían enterrada: la posibilidad real de que el continente vuelva a ser escenario de una amenaza nuclear, como ocurrió durante la Guerra Fría. Sumar también alerta de que las potencias con arsenal atómico están renovando sus dispositivos con bombas de menor carga, modernizando los sistemas de transporte y lanzamiento —desde aeronaves hasta submarinos y silos de misiles— y avanzando en tecnologías como los misiles hipersónicos y el uso incipiente de inteligencia artificial en este terreno. Para el espacio político que impulsa la propuesta, el mensaje es claro: mientras exista el arsenal, existe el riesgo; y la única manera de hacer imposible su uso es eliminarlo.
El debate no llega en el vacío. En febrero, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, el propio Sánchez advirtió que el rearme nuclear no era el camino adecuado para sostener la disuasión y alertó sobre los riesgos añadidos de la inteligencia artificial. Pero una cosa es el diagnóstico y otra la decisión política. El TPAN, adoptado en 2017 y en vigor desde 2021, prohíbe el desarrollo, posesión, almacenamiento, uso y amenaza de uso de armas nucleares, y según la Alianza por el Desarme Nuclear ya suma 100 Estados vinculados entre firmas y ratificaciones. España, sin embargo, sigue fuera. Y esa ausencia pesa: no solo por lo que dice de la política exterior española, sino porque deja al Gobierno atrapado entre su retórica pacifista y los compromisos estratégicos que exige la OTAN, una contradicción que en tiempos de guerra y rearmamento cada vez resulta más difícil de esquivar.



