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Sumar acusa a Sánchez de llegar tarde a Ceuta y cuestiona la salida diplomática con Marruecos

Hace 2 horas
Sumar acusa a Sánchez de llegar tarde a Ceuta y cuestiona la salida diplomática con Marruecos

Imagen: infobae

Sumar acusó a Pedro Sánchez de llegar tarde a la crisis migratoria de Ceuta y de sostener una salida inviable al confiar en retornos que Marruecos no ha aceptado. El socio de coalición pidió repartir a los migrantes entre comunidades y cuestionó la versión oficial sobre el papel de Rabat.

Sumar elevó este miércoles la presión sobre Pedro Sánchez al reprocharle que reaccionó tarde ante la crisis migratoria de Ceuta y al exigir una respuesta más ambiciosa: el traslado urgente de los migrantes a otras comunidades autónomas, en lugar de seguir apostando por retornos que, según recordó, Marruecos nunca ha permitido. La advertencia política es clara: el Gobierno no puede seguir administrando la emergencia como si fuera un problema pasajero, porque la situación en la ciudad autónoma ya dejó de ser solo una cuestión humanitaria y se convirtió en una prueba de resistencia para la coalición.

Durante la comparecencia del presidente en el Congreso, los portavoces adjuntos Enrique Santiago y Aina Vidal marcaron distancia con la explicación del Ejecutivo sobre lo ocurrido a finales de julio. Según expusieron, la entrada masiva de migrantes en Ceuta no puede atribuirse sin más a las mafias, como sugiere Moncloa, y todo apunta a una operación organizada desde Marruecos. Vidal fue especialmente dura al señalar que, a su juicio, la política de apaciguamiento con Rabat no ha dado resultado y que el giro del Gobierno sobre el Sáhara ha terminado debilitando la posición española sin ofrecer garantías reales en la frontera. Santiago, por su parte, habló de un desorden evidente entre la información del CNI y la Policía y fue más allá al insinuar que detrás del episodio hubo una maniobra de desestabilización con implicaciones geopolíticas. También pidió que se vuelva a convocar a la embajadora marroquí en España y cuestionó la lentitud del Ejecutivo para activar el Consejo de Seguridad Nacional.

El fondo del choque es político, pero también práctico. Sumar le está diciendo al presidente que dejar la solución en manos de un retorno voluntario es, sencillamente, desconocer la realidad: Rabat no ha aceptado devolver a nadie, y la alternativa defendida por PP y Vox —las expulsiones inmediatas— tampoco parece viable bajo el marco legal actual. En otras palabras, el Gobierno está atrapado entre dos discursos extremos mientras la presión humanitaria crece en Ceuta. Y ahí está la clave de fondo: si el Estado no logra distribuir la acogida entre las comunidades y activar una respuesta coordinada, la crisis seguirá alimentando el desgaste político, la tensión territorial y el argumento de quienes viven de convertir la migración en arma electoral.

La discusión también deja al descubierto algo más profundo: la fragilidad de la relación con Marruecos y el coste interno de cada concesión diplomática. Para una parte de la izquierda, la frontera sur ya no puede leerse solo en clave de control migratorio, sino como un tablero de poder donde Rabat marca el ritmo y Madrid llega siempre un paso atrás. Si el Gobierno no corrige esa percepción con medidas concretas, la crisis de Ceuta no será solo un episodio fronterizo más, sino un aviso de hasta qué punto España depende de equilibrios externos que pueden romperse en cuestión de horas.

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