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París marcha contra el racismo tras ataque que sacudió la campaña

Hace 5 horas

Miles de personas salieron a las calles de París para repudiar el racismo y la ultraderecha tras un ataque a tiros en Trappes y La Verrière que dejó un muerto y cinco heridos. La movilización convirtió la plaza de Stalingrado en un termómetro de la tensión política que atraviesa Francia en plena campaña electoral.

Miles de manifestantes se concentraron en la plaza de Stalingrado, en París, para rechazar el racismo y enviar una advertencia política en medio de la campaña electoral francesa. La marcha se produjo después del ataque a tiros registrado en Trappes y La Verrière, una agresión que dejó un muerto y cinco heridos y que reabrió el debate sobre la violencia de odio en un país cada vez más polarizado.

Según informó Clarín Colombia, la movilización reunió a personas que salieron a las calles no solo para expresar indignación por el ataque, sino también para denunciar el avance de la ultraderecha y el endurecimiento del discurso público contra minorías y migrantes. La plaza de Stalingrado, un lugar cargado de simbolismo político en París, se convirtió en punto de encuentro para organizaciones, activistas y ciudadanos que consideran que el episodio no puede leerse como un hecho aislado.

Lo ocurrido importa porque Francia llega a la recta electoral con una discusión cada vez más áspera sobre identidad, seguridad e inmigración, tres temas que la extrema derecha ha colocado en el centro del debate nacional. En ese contexto, ataques como el de Trappes y La Verrière no solo golpean a las víctimas y sus comunidades: también profundizan el miedo social y alimentan la sensación de que el país está perdiendo control sobre una fractura interna que lleva años creciendo. Para la gente común, eso se traduce en más tensión en barrios populares, más desconfianza entre comunidades y una política cada vez más dominada por el enojo.

La marcha en París dejó una imagen clara: una parte del país quiere frenar la normalización del racismo antes de que el clima electoral termine de consolidar posiciones extremas. El desafío ahora será si esa indignación ciudadana logra traducirse en presión política real o si, como ha ocurrido otras veces, queda absorbida por la campaña y por un debate público que parece moverse cada vez más hacia los bordes.

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