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Sismo en Colombia: el reloj contra las víctimas atrapadas bajo los escombros

Hace 6 horas

Tras un sismo, la primera jornada suele definir quién vive y quién no: la mayoría de los rescates ocurre en las primeras 24 horas. Aun así, especialistas advierten que algunas víctimas pueden resistir varios días más si las lesiones no son graves y el clima acompaña.

Cuando un terremoto derrumba edificios y deja personas atrapadas bajo los escombros, el reloj empieza a correr de inmediato. Según informó clarin colombia, la mayor parte de los rescates se produce dentro de las primeras 24 horas posteriores al desastre, una ventana crítica en la que los equipos de emergencia tienen las mejores probabilidades de hallar sobrevivientes con vida. Después de ese periodo, las posibilidades de rescate exitoso caen de forma sostenida, día tras día, mientras se agotan el agua, el aire y la capacidad del cuerpo para resistir el encierro y las lesiones.

La clave, de acuerdo con expertos citados por la fuente, está en la gravedad de las heridas y en las condiciones externas. Si la persona atrapada no presenta lesiones severas, puede mantenerse con vida una semana o incluso más, siempre que no esté expuesta a temperaturas extremas. El calor acelera la deshidratación y empeora el estado físico con rapidez; el frío, por su parte, puede comprometer la supervivencia al reducir la temperatura corporal y debilitar aún más a quien ya está herido. En otras palabras, no solo importa cuánto tiempo lleva una víctima bajo los escombros, sino también el entorno que la rodea y la capacidad del cuerpo para soportarlo.

Este dato tiene una importancia práctica enorme para países como Colombia, donde la amenaza sísmica es real y la respuesta institucional puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Entender que las primeras horas son decisivas obliga a fortalecer la prevención, los protocolos de búsqueda y rescate, la coordinación entre autoridades y la preparación ciudadana. No se trata solo de reaccionar cuando la tierra tiembla, sino de reducir al máximo el tiempo de respuesta y mejorar la capacidad de intervención en escenarios donde cada minuto cuenta. En una emergencia de esta magnitud, la logística salva tanto como la suerte.

La lección de fondo es incómoda pero necesaria: después de un sismo, el margen para actuar se estrecha muy rápido, y la sobrevivencia no depende únicamente de la resistencia humana. Depende también de la rapidez con la que lleguen los rescatistas, de la estructura de los edificios, de las condiciones climáticas y de qué tan preparado esté el Estado para enfrentar una catástrofe. Por eso, hablar de tiempo de supervivencia no es un ejercicio teórico; es una guía para entender por qué la prevención y la respuesta temprana siguen siendo la frontera entre la tragedia y el rescate.

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