Manizales revive el miedo sísmico tras el terremoto que sacudió el occidente de Colombia

Imagen: BBC Mundo
El terremoto que sacudió el occidente de Colombia dejó escenas de pánico en Manizales, donde el periodista y meteorólogo Luis Felipe Molina describió cómo los edificios se movían con violencia. Aunque no se han detallado aún daños mayores, el susto reabrió la alerta sobre la vulnerabilidad sísmica del país.
El terremoto registrado este lunes en el occidente de Colombia volvió a poner a Manizales en el centro de la conversación sobre riesgo sísmico en el país. Desde esa ciudad, una de las más afectadas por el temblor, el periodista y meteorólogo Luis Felipe Molina relató a BBC Mundo una escena que ayuda a dimensionar la magnitud del susto: dentro de su apartamento, todo se movía mientras por la ventana veía cómo los edificios cercanos se sacudían de un lado a otro.
Ese tipo de testimonio, más allá de su carga humana, dice mucho sobre la forma en que los colombianos viven los eventos sísmicos: con una mezcla de alerta permanente y vulnerabilidad estructural. Manizales, como otras ciudades andinas, está acostumbrada a convivir con la amenaza de movimientos telúricos, pero cada evento vuelve a desnudar la fragilidad de viviendas, oficinas y espacios públicos construidos en zonas donde la tierra no ofrece garantías. A falta de un balance detallado sobre víctimas o daños, el impacto inicial parece haber sido sobre todo de pánico, interrupción de la rutina y revisión urgente de posibles afectaciones en infraestructura.
Lo ocurrido también recuerda una verdad incómoda: Colombia está en una de las regiones geológicamente más activas de América Latina. Su ubicación sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y la interacción de varias placas tectónicas hacen que los sismos sean parte del paisaje de riesgo, aunque eso no los vuelva menos destructivos. En ciudades como Manizales, donde la memoria del riesgo está más presente que en otros centros urbanos, cada temblor reactiva preguntas sobre la calidad de las construcciones, la preparación de las autoridades locales y la capacidad de respuesta de la ciudadanía. Y aunque por ahora el episodio se cuenta más por el temor que por la cifra de daños, ese miedo tiene consecuencias reales: comercio paralizado, familias que no regresan a sus hogares de inmediato y servicios que entran en verificación preventiva.
En una país donde la rutina suele imponerse sobre la prevención, un sismo como el de este lunes funciona como recordatorio y advertencia al mismo tiempo. Si bien los detalles técnicos del evento y su balance final seguirán definiéndose con el paso de las horas, la imagen que deja es clara: en Colombia, la emergencia sísmica no es una hipótesis lejana sino una posibilidad concreta que exige preparación constante, vigilancia urbana y una cultura de autoprotección que todavía avanza más lento que el riesgo.



