Los Chapitos siguen al mando del fentanilo pese a la guerra interna en Sinaloa

Imagen: infobae
La guerra interna del Cártel de Sinaloa no ha frenado el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos. Según un informe citado por Infobae, Los Chapitos siguen al frente de la producción y del envío de esta droga sintética.
Pese a la violencia interna que desangra al Cártel de Sinaloa, el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos sigue operando con una capacidad que alarma a las autoridades. Un informe citado por Infobae sostiene que la disputa entre facciones no ha golpeado de forma significativa la cadena de producción y envío de esta droga sintética, y apunta a Los Chapitos como el grupo que mantiene el control principal sobre ese negocio ilícito.
De acuerdo con la información divulgada, la facción encabezada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán no solo continúa moviendo fentanilo hacia el mercado estadounidense, sino que además conserva un papel central en su fabricación. Ese dato es clave porque confirma algo que las agencias de seguridad en Washington vienen advirtiendo desde hace tiempo: la desarticulación de una estructura criminal no basta si otra parte de la red sigue intacta, con laboratorios, rutas, precursores químicos y operadores capaces de reemplazar bajas y pérdidas en cuestión de días.
La relevancia del hallazgo va más allá del conflicto interno de los grupos criminales. Si la guerra entre facciones no reduce el flujo de fentanilo, significa que el negocio ya tiene una inercia propia y que su rentabilidad está por encima de la crisis de liderazgo que vive la organización. En términos prácticos, esto implica que el mercado estadounidense sigue recibiendo una sustancia que alimenta la epidemia de sobredosis, mientras en México persiste la presión sobre regiones clave de producción y tránsito. Para la gente de a pie, el dato no es menor: detrás de cada cargamento que logra cruzar la frontera hay una cadena de daños que se expresa en muertes evitables, comunidades rotas y sistemas de salud desbordados.
El caso también deja una lección incómoda para la estrategia antidrogas regional. Durante años se ha asumido que el debilitamiento de un cartel se traduce automáticamente en menos violencia y menos droga en circulación, pero la experiencia demuestra lo contrario: cuando una facción pierde terreno, otra ocupa el espacio, reacomoda alianzas y mantiene la mercancía en movimiento. En ese tablero, Los Chapitos aparecen hoy como un actor decisivo, no solo por su capacidad de distribución, sino por su influencia en la producción misma del fentanilo. Y mientras esa estructura siga funcionando, la guerra interna del Cártel de Sinaloa podrá cambiar nombres y territorios, pero no necesariamente el volumen de la crisis que golpea a Estados Unidos.



